Sunday, April 26, 2026

Laceiba: ¿Delcy Rodríguez manda? Porque Jorge Arreaza no

 EN: Recibido por email

La “confusión” sobre la vigencia de la Ley de Amnistía puede ofrecer señales sobre las tensiones dentro del chavismo y el verdadero poder de los hermanos Rodríguez.

El 22 de abril, el diputado Jorge Arreaza compartió en sus redes las cifras de la comisión parlamentaria de seguimiento de la Ley de Amnistía, instancia que él preside. Más que un balance, aquello es la confesión de la brutal represión desatada por el chavismo contra el pueblo venezolano.

Los números son escalofriantes y los incriminan. Hasta esa fecha se habían recibido 12.187 “solicitudes válidas”, esto es, peticiones de ciudadanos que aspiran a ser amparados por la norma. En total, las autoridades declararon haber otorgado 8.616 libertades plenas. Estadísticas de carne y hueso que permiten dimensionar la magnitud de la persecución ejecutada por el chavismo.

Al final de la tétrica relación, Arreaza expresó: “Seguimos recibiendo solicitudes de venezolanos que viven dentro y fuera del país, manifestando su voluntad de reintegrarse a la vida política nacional”.

Un día después de aquel “seguimos”, Delcy Rodríguez instaló la enésima comisión chavista para manipular el sistema de justicia y dijo que, en realidad, “no seguimos”. En dos platos, dio por finalizada la fase de la amnistía y agregó que los casos pendientes podían exponerse ante otras instancias, entre ellas una que encabeza Diosdado Cabello, un tipo que porta un mazo y se jacta de haber creado la siniestra operación “tun-tun”.

Ahora, la pregunta es: ¿Antes de escribir aquel “seguimos”, Arreaza no sabía que la presidenta encargada iba a enterrar la amnistía? Siendo el jefe de la comisión parlamentaria, se supone que debe estar al tanto de todos los detalles. No obstante, al parecer fue el último en enterarse. Como el esposo cornudo. Sin alusiones personales.

Firme ahí

El 24 de marzo, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, propuso una prórroga que extendió por 30 días el funcionamiento de la comisión de seguimiento de la ley.

Allí salta la primera irregularidad que deja ver las costuras del chavismo. Las prórrogas son necesarias cuando se trata de comisiones especiales creadas por la AN. Pero este no es el caso, pues esta comisión es un mandato de la ley en su artículo 15.

La extensión por un plazo limitado buscaba apaciguar a los enemigos internos de la amnistía, los diputados Iris Varela, Pedro Carrero y Tania Díaz, quienes desde dentro de la comisión jugaban a su implosión.

El mismo Arreaza confesaría en los pasillos del Palacio Federal Legislativo que él no tenía la más mínima idea de que someterían a votación la prórroga. Según su versión, su tocayo Rodríguez le llegó minutos antes de la sesión con la petición por escrito y le ordenó que la firmara para presentarla ante la Cámara. Como no podía ser de otra manera, el yernísimo del difunto Hugo Chávez obedeció y sacaron adelante el tiempo extra.

El incomprendido

Mascullando su pena en los jardines de la AN, Arreaza ha manifestado que nadie puede imaginarse la cantidad de enemigos que se está ganando dentro del PSUV por estar al frente de la comisión que da seguimiento a la Ley de Amnistía.

El excanciller ha comentado que incluso se involucró en la liberación de las víctimas del defenestrado Antonio “El Potro” Álvarez, quien desde el Instituto Nacional de Hipódromos manejaba una red de extorsión que tenía su propio comando policial para encarcelar a aquellos que se negaban a pagar las coimas.

Así que, según Arreaza, no solo le ha tocado resistir las embestidas de sus colegas Varela, Díaz y Carreño, este último muy contento “peregrinando” al lado de Cabello, sino que también está enfrentado a mafias dirigidas por sus camaradas. Muy difícil, dice la Gaceta.

¿Y ZP?

En este mismo espacio de La Ceiba se revelaron los pormenores de la reunión del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero con la comisión parlamentaria (enlace: Zapatero apagó el fosforito chavista en la Asamblea Nacional). Los diputados opositores que participaron en el encuentro del 17 de marzo concluyeron que ZP vino en un rol de “refuerzo internacional” para los Rodríguez, mostrándose como un entusiasta defensor de la amnistía en contra de los cuestionamientos de los sectores radicales del chavismo.

El líder español no solo apoyó la continuidad de la comisión, sino que abogó por fortalecerla, reglamentando sus actuaciones, y mantener su vigencia todo el tiempo que fuera necesario. Invitó a los diputados a ser creativos, con el fin de diseñar mecanismos adicionales para las liberaciones, y reivindicó la importancia histórica de la Ley de Amnistía.

Cumplida su tarea en Caracas, volvió a Madrid, donde ensalzó la figura de su amiga Delcy. Aseguró que si por ella fuera, no habría habido tanta persecución. La culpa era del extraído, ella solo callaba porque, ya se sabe: Leales siempre, traidores nunca.

Después de lidiar con los fundamentalistas rojos y de todo el despliegue propagandístico, resulta que la buena de la mandataria interina fulminó la amnistía que tanto alabó el expresidente. Entonces, ¿cómo queda ZP?

Bajo presión

Al escuchar la noticia, un dirigente opositor exclamó: “¡Ganaron los radicales!”. Las principales ONGs del país pusieron el grito en el cielo, tachando la medida de arbitraria e inconstitucional, señalando que quedaba en evidencia la falta de voluntad del Ejecutivo en desmontar el sistema represivo ensamblado durante 27 años.

En medio de la condena generalizada, reapareció en escena Arreaza. Prácticamente 24 horas después del anuncio, irrumpió con la firmeza que lo caracteriza para explicar que la Ley de Amnistía no estaba muerta sino medio muerta. “La ley ha beneficiado a prácticamente todo el universo de personas que podía amparar”, reaccionó en un escueto tuit, aseverando que la norma “no pierde vigencia” y las solicitudes “se seguirán recibiendo”.

¿Recule? Delcy Rodríguez se está atragantando con la amnistía. Los más recalcitrantes no le perdonan el perdón. Saben que el escandaloso balance no refleja ninguna magnanimidad sino su sevicia. Además, lo más relevante: No creen sinceramente en la reconciliación.

¿Puede la presidenta encargada superar las contradicciones, aislar a los más radicales y trazar una línea propia, libre de chantajes? Entre el tutelaje de Estados Unidos y las presiones a su izquierda, ¿puede mandar y establecer una línea de acción propia?

Si alguien tiene la respuesta, ese no es Arreaza.

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