EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/antes-que-todo-se-volviera-oscuro/
El Nacional ha reproducido la historia de Víctor Sardinha, sepultado durante 36 horas por los escombros del edificio Los Molinos en Caraballeda. Aún convaleciente pero con entereza, Sardinha relata como si fuera un narrador consumado la odisea de su rescate, nombra a quienes lo salvaron, a sus familiares, uno a uno, a los que había llamado con desesperación pero nunca respondieron a sus gritos. “Ahora encontraré el propósito de porqué estoy vivo, todavía no lo sé”.
Estaban en una reunión familiar, haciendo galletas, con la televisión encendida con un juego del mundial, cuando empezó a temblar cada vez más fuerte. Víctor se encontraba un par de metros alejado del grupo y vio que se abría una franja en el suelo, tenía enfrente a su esposa y a su hija pero no podía moverse, pensó que se morirían y gritó con todas sus fuerzas que las amaba. “Y pienso que me escucharon porque fue antes de que todo se volviera oscuro”.
Víctor Sardinha perdió a su esposa Bárbara Celeste y a su hija Lucía Teresa, a una cuñada, a su comadre, con su esposo e hijo. Todo ocurrió en unos segundos que nunca terminan. De la felicidad a la tristeza absoluta en un chasquido de los dedos. ¿Cuántas historias similares se cuentan después de los terribles sismos del 24 de junio? ¿Cómo se llena el vacío repentino y se sigue adelante? Venezuela está de luto, llorando sus muertos y, entre lágrimas, celebrando la vida de los que pudieron ser rescatados.
La reflexión de Víctor, de encontrarle un propósito a su existencia, por encima del dolor que lo embarga, es un mensaje que cala hondo, Habría que preguntarse cómo se recupera un país de una tragedia de las proporciones estremecedoras que hemos ido conociendo en estas horas.
Atrapado durante horas y horas, sin casi fuerzas para gritar que estaba vivo, rodeado de oscuridad y un silencio de muerte, pudo resistir y sobrevivir. En su historia, y en tantas otras, anida la fuerza para honrar a los que se fueron y agradecer, como lo hace Víctor, a los que arriesgaron su vida para rescatarlo.
Hay luto y hay entrega, dolor y amor en idénticas cantidades. De eso estamos hechos los seres humanos, empeñados en serlo hasta el último segundo. Y desde el primer segundo en que se recupera el aliento, la respiración, y comienza a aparecer la luz que vence la pesada penumbra.
También el país, todo, con su gente, debe proponerse, como Víctor, un propósito de vida colectiva, sana y compartida que despeje la oscuridad.
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