Thursday, July 30, 2026

Editorial El Nacional: La solución Ortega y la señora Sheinbaum

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/la-solucion-ortega-y-la-senora-sheinbaum/

Daniel Ortega es un dinosaurio político sin fecha de extinción. Ha mandado durante 20 años consecutivos en Nicaragua y antes, con el triunfo de la revolución sandinista, desde 1979 a 1990, cuando fue derrotado en las urnas por Violeta Chamarro. Su nueva amenaza es que en su país se prohíba la participación de opositores, —vendepatrias y golpistas— en las elecciones, si es que las hubiera, además de aumentar el período presidencial de seis a siete años. El cargo solo lo comparte con su mujer, Rosario Morillo. Nicaragua es una codictadura, una variante de la saga de mandones que pastan por América Latina.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue preguntada al respecto en las “mañaneras”, las conferencias de prensa que heredó de su protector Andrés Manuel López Obrador. Y respondió como si le preguntaran sobre el precio de los frijoles, sin sobresalto alguno. Dijo textualmente: “Primero es la autodeterminación de los pueblos. Lo que decida el pueblo de Nicaragua. Y nosotros siempre estamos de acuerdo con la democracia en todos sus términos”. Y punto final. Es decir, mediante una elección se puede terminar con la democracia pero quedaría a salvo la autodeterminación de los pueblos, que va primero que nada. Pasemos a la autodeterminación del precio de los frijoles, le faltó decir.

Daniel y Rosario pueden dormir tranquilos en Managua mientras los mandatarios de la región piensen y actúen como la señora Sheinbaum. La democracia carece de dolientes en la aldea global, cada vez hay más autoritarios al mando, que manipulan las urnas para elegirse y reelegirse, Los pueblos son mirones de palo. En Nicaragua, por ejemplo, basta el 35% de los votos para ganar la presidencia, así volvió Ortega en 2007, tras un pacto con sus “adversarios” para repartirse el poder sin apuros.

El exguerrillero sandinista que participó en la ofensiva de finales de la década del setenta para acabar con la dinastía Somoza, dueña de la sufrida Nicaragua durante 42 años, se ha convertido en uno más del clan que combatió. Cuando Ortega perdió la presidencia en 1990, se ocupó primero de eliminar a los sectores moderados dentro del sandinismo pero fracasó en varias contiendas electorales, antes de acercarse a Dios, suavizar el lenguaje y cambiar los colores de sus banderas y ropas, hasta que le puso la mano a la presidencia. Cualquier parecido con la realidad próxima no es una casualidad.

Estados Unidos, que siempre entra en la ecuación, no se quedará de “brazos cruzados”, según trascendió, y la Unión Europea publicó uno más de sus comunicados insípidos instando a Ortega a hacer “elecciones libres”. ¿Dónde está la OEA? ¿Y la Celac? Cuando despierten el dinosaurio todavía seguirá allí.

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