EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/promocion-3-de-enero/
Mediante cuatro resoluciones del Ministerio de la Defensa – que se puede confundir con misterio de la defensa, se advierte-, Delcy Rodríguez ordenó el ascenso de 58 oficiales a generales: de división (27), de brigada (29), mayor general (2). Entre las fechas patrias del 5 y el 24 de julio hay dos certezas: tenemos tantos escombros como generales. Bajo la mole de desechos está sepultada la soberanía.
Los afortunados oficiales ascendidos tienen todos la categoría de “efectivo de comando”. Gente entrenada para realizar operaciones tras las líneas enemigas, adiestrados en alta seguridad y como tropas paracaidistas, aerotransportadas y anfibias. Es lo que dice la Inteligencia Artificial (IA). La realidad es más terca, la que ocurrió en la madrugada del 3 de enero, la que siguió al doblete sísmico del 24 de junio. Ni efectivos, ni comandos, salvo los que entraron desde el mar Caribe la primera fecha, y los millares de gente anónima y sin medallas que repartieron solidaridad aunque seguía temblando.
Hay concursos en que los premios quedan desiertos porque el jurado, que se supone imparcial, considera que las obras consignadas carecen de la calidad suficiente. Los ascensos son actos rutinarios como pasar de curso, aunque no todos lo logran. En la alicaída educación pública venezolana promocionan alumnos sin ni siquiera cursar materias básicas: le asignan el promedio de otras menores en las que sí hubo clases. ¿Cómo será en los cuarteles? ¿Se promedia la fidelidad para aprobar planes de acción, movimientos y operaciones tácticas a gran escala?
En un país sin cifras, con excepción de las que dice Jorge Rodríguez, circula la versión de que en Venezuela hay más de 2.000 generales. Donde mandan tantos, no manda nadie. Los excesos suelen ser estorbos cuando se acerca el enemigo, aunque la guerra esté avisada. Estados Unidos, la nación que primero amenazó y ahora nos tutela, que libra batallas como sube aranceles, tiene, según la IA, entre 650 y 900 generales y almirantes, número fijado por ley. En España, cuyas tropas se desplieguen en zonas calientes del planeta en misiones internacionales, tiene 227. Las cifras de Cuba, que en el delirio fidelista combatió en África y engordó guerrillas latinoamericanas, se desconocen. Es secreto de Estado.
La inflación militar es obra de Hugo Chávez. El “comandante supremo”, como permanece en la propaganda oficial, inauguró la perniciosa práctica de rodearse de altos cargos de la fuerza armada -además de su tren (aún no de Aragua) ejecutivo, durante horas, cada semana, para reír y aplaudir en Aló Presidente. Y se pasaba revista a la asistencia puntual del comando uniformado, con el pecho henchido de condecoraciones. ¿Quién gobernaba? ¿Cuántas horas se perdieron en zarandajas?
La recuperación tendrá que incluir a la FAN para ascenderla al rango constitucional que fue derogado de tanta palabrería.
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