EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/que-hara-el-protectorado/
Mientras continúan penosamente, y con el tiempo agotándose, las tareas de rescate tras los terremotos del 24 de junio, las miradas apuntan hacia Estados Unidos y su gobierno. Un artículo en The New York Times -¿Qué le debe ahora EE UU a Venezuela?- se plantean interrogantes ante el complejo y desolador panorama de nuestro país: ¿Cómo reconstruyes? ¿Con quién trabajas? ¿A quién le das poder?
Las preguntas del diario neoyorquino surgen luego de resumir lo que resulta obvio: la respuesta del gobierno interino ante la catástrofe ha sido desastrosa, la gente está enfadada y Delcy Rodríguiez nunca ha sido popular y ahora menos. El Times duda que se consiga el objetivo de la estabilidad, una fase que ya se había dado por cumplida semanas atrás.
Los terremotos y la impresentable gestión posterior, la evidencia palpable de la inexistencia del Estado, comprometen seriamente la política de Estados Unidos para Venezuela, y debe obligar a su gobierno a una revisión a fondo y con urgencia de su estrategia, incluso si tan solo se prioriza una gran operación de alto rendimiento económico. Los venezolanos no estaban felices antes de la tragedia, y ahora están mucho más que enfadados: es un pueblo profundamente herido y consciente de su desamparo.
En las páginas de opinión de El Nacional escribía ayer Humberto García Larralde -Los terremotos y el reseteo obligado del Protectorado- que los señores Trump y Rubio están sosteniendo -contra todo deseo- una situación nefasta en Venezuela. “Saben que su factoría petrolera no atraerá las grandes inversiones requeridas sin instituciones sólidas, ni mucho menos sosiego y prosperidad para los venezolanos. A estas alturas, su obstinación con Delcy hace que uno se pregunte acerca de la sinceridad de sus votos por la democracia” en el país. La pregunta se la hacen muchos venezolanos que observaban con temor el reacomodo de los Rodríguez en el poder y que advierten, ahora, la intención de que se coloque en el limbo la transición política.
En esa perspectiva, habría que seguir con atención en las próximas semanas si la iniciativa promovida por el Departamento de Estado con la aparición de Dinorah Figuera para promover un diálogo político se mantiene y avanza en una agenda que lleve al país, finalmente, a la elección de un gobierno legítimo, comprometido y con capacidad para acometer la mayúscula obra de la reconstrucción física, institucional y emocional del país.
¿Fue esa movida el inicio del “reseteo”? Nunca cayó bien en el ámbito opositor pero habría que concederle el beneficio de la duda y, aventuramos, presionar porque se convierta en una opción. Sobre la mesa están los temas que conducen al cambio político. Se desconfía de que lo electoral aparezca diferido, que complace a quienes pretenden mantener el poder a toda costa.
¿Pueden seguir gobernando los Rodríguez con su carnal Cabello y los inoperantes militares de alto rango ¿ Se les puede confiar a ellos la vida del país, la recuperación de la soberanía y la apertura de la senda del progreso y las libertades?
La piedra -uno de tantos cascotes de Caracas o La Guaira- está sobre el tejado de Washington.
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