Monday, August 10, 2026

Editorial El Nacional: El calvario de un teniente coronel

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/08/el-calvario-de-un-teniente-coronel/

Igbert Marín Chaparro sigue preso aunque ya cumplió su condena de siete años y seis meses de cárcel. Fue detenido el 2 de marzo de 2018, trasladado a la sede de la DGCIM, se le acusó de instigación a la rebelión y fue sentenciado 33 meses después. Debió salir en libertad en septiembre de 2025. Sin embargo, el 1 de febrero de 2024 en una audiencia clandestina se le involucró en una nueva causa, por la que le pueden caer 30 años de prisión, según denuncia de su hermana, Ignell Marín. Su caso fue rechazado para acogerse a la Ley de Amnistía, como le negaron también los beneficios que le correspondían por años de cumplimiento de la pena.

Para el momento de su detención, el teniente coronel Marín Chaparro era el comandante del Batallón de Infantería Motorizada Juan Pablo Ayala, con sede en Fuerte Tiuna. Se había graduado como Licenciado en Ciencias y Artes Militares, mención Caballería y Blindados, en la promoción de 1999. Sus calificaciones fueron las más altas en la historia de la Academia Militar.

Durante más de un año fue uno de los asistentes del presidente Hugo Chávez, y proseguía su formación profesional: en Gerencia Pública en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional (Unefa); en Derecho y Política Internacional en la Universidad Central de Venezuela (UCV); y obtuvo además un diplomado en la Escuela Superior del Estado Mayor, en Nicaragua.

El acta de investigación contra Chaparro, en la que consta una fecha posterior a su apresamiento, lo vincula con una causa que la justicia oficial denominó, siempre creativa, Movimiento Transición a la Dignidad del Pueblo, que pretendía captar a oficiales militares con fines conspirativos. Toda la acusación se sostiene sobre un supuesto testigo que habría estado en una reunión en la que participó Marín Chparro. La reunión consistió en un almuerzo, celebrado en el propio comedor del Batallón Ayala, a la vista de quien quisiera ver, al que asistieron un grupo de excompañeros de la promoción del teniente coronel. 

Marín Chaparro fue citado luego a otra reunión. En la Comandancia General del Ejército. Estaban presentes el entonces ministro de la Defensa, Vladimir Padrino Popular (“héroe” del 3 de enero, mucho después), el comandante general del Ejército, Jesús Sánchez Chourio, y el director general de la DGCIM, Iván Hernández Dala. Ante sus mandos, el teniente coronel expuso el descontento de la tropa por la alimentación deficiente, bajos sueldos, escasez de medicinas e incluso de pertrechos para sus actividades ordinarias. Poco después, se produjo su detención. Conspirar, para los mandos castrenses, es decir la verdad.

Aislado, vigilado y maltratado en la DGCIM, el teniente coronel se rebeló contra las condiciones de su reclusión. Hizo dos huelgas de hambre, una de 17 días y otra de 63, en la que se llegó a temer por su vida. Posteriormente, fue trasladado a El Rodeo I, en febrero de 2024, donde sus familiares solo lo pueden ver a través de un vidrio. “Desde entonces no lo puedo abrazar”, dice su hermana Ignell, tampoco sus padres, y sus hijos ni siquiera lo pueden escuchar.

Según los registros de Foro Penal, 160 militares siguen tras las rejas. ¿Los más talentosos, los más leales al mandato constitucional? ¿Tendrá alguna opinión al respecto el Programa de Convivencia Democrática y Paz? ¿La “buena fe” solo es para los comunicados?

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