Tuesday, August 11, 2026

Editorial El Nacional: Siete meses de vigilia

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/08/siete-meses-de-vigilia/

La vida sigue a pesar de que sepamos que aún hay 300, 400 o 500 presos políticos. La cifra es imprecisa como todo lo que toca la mano de un Estado ineficiente e indolente. Las supuestas autoridades no saben cuántos venezolanos fueron encarcelados por razones políticas y, en numerosos casos, ni siquiera pueden informar a quiénes tienen presos y dónde los tienen presos. Es una vergüenza nacional. La constatación diaria de que como nación hemos retrocedido a épocas de nuestra historia que creíamos superadas. 

Preso político es un elemento del paisaje cotidiano. Como lo son los apagones, el racionamiento del servicio de agua, el salario mínimo que equivale a menos de un dólar, que los hospitales no funcionan y las escuelas lo hagan a ratos. Es la normalización de la mediocridad y del abandono. Y así, desde enero, también se va internalizando la idea de que somos una nación tutelada desde Washington.

Los familiares de los presos políticos cumplieron siete meses frente a la prisión de El Rodeo esperando por las prometidas excarcelaciones. Para el rodrigato parece que esa es materia dada por lista. No hay noticias de la comisión de convivencia democrática y paz teledirigida desde Miraflores. Tampoco aparece el tema en la agenda del diálogo que comenzó la semana pasada en el “búnker” de La Carlota.

Los familiares siguen en su campamento frente a El Rodeo, y sus seres queridos -hijos, esposos, hermanos, en su mayoría son hombres- sobreviviendo en la penuria de una cárcel venezolana. “No nos vamos hasta que sala el último preso político”, dicen estas mujeres, porque son ellas en su mayoría las que esperan y luchan.

La promesa de excarcelaciones rápidas y completas la hizo, tras los acontecimientos del 3 de enero, el propio Jorge Rodríguez, un insólito presidente de la Asamblea Nacional que actúa como el primer funcionario del interinato de su hermana Delcy. Dio la orden para que se aprobara la Ley de Amnistía, administró su ejecución; meses más tarde fue, y es, el vocero oficial encargado de dar los partes diarios de la tragedia del doblete sísmico; y ahora es el jefe negociador del diálogo político con un sector de la oposición.

La libertad de los presos políticos, para que no mueran en las cárceles o salgan con serias afectaciones en su salud, es un reclamo urgente de carácter humanitario y de adecentamiento de la vida política del país, para que empiece a parecerse a lo escrito en la Constitución de 1999, promovida por quienes prometieron un gobierno justo y ahora se aferran al poder como su única razón política. 

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