Monday, November 2, 2026

Laceiba el 2 de noviembre

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Saludos,

Es lógico que la gran mayoría del país no quiera a Delcy porque estuvo implicada en la destrucción del país. Y es comprensible que haya gente que rechace a María Corina Machado, porque entre gustos y colores...

Lo bueno de una elección libre es que el espectro de las opciones a escoger se ampliará sin comprometer la democracia que queremos alcanzar.

La búsqueda de un tercero distinto a Delcy y María Corina lleva algún tiempo sonando en salones y en redes sociales. Aducen que hay un espacio para un tercero, porque en las encuestas hay quienes responden “ninguno” cuando se les presenta un conjunto limitado de opciones.

Asumen entonces que un tercero pudiera capitalizar ese sector y superar las dos opciones que en principio parecerán enfrentarse en las próximas elecciones.

Ahora bien, hay un largo trecho entre que alguien diga hoy “no apoyo a ninguno” y que esa misma persona termine apoyando a un outsider de laboratorio.

Lo que termina ocurriendo con el tercero como “El Dorado” de cierta política es que ese liderazgo termina siendo contrastado con las opciones existentes. Y no necesariamente en la comparación ese tercero resulta favorecido. La aparente necesidad abstracta de un tercero es sometida pues a la prueba de los hechos.

Por otra parte, en Venezuela hoy no hay un vacío de liderazgo, en el que pudiera germinar un fenómeno político. Hay un liderazgo que copa la escena porque representa la voluntad de cambio. Bajo esas condiciones, es muy difícil la insurgencia de un outsider. Quienes rechazan ese liderazgo, por razones legítimas o inconfesables, tienen por supuesto todo el derecho de buscar una alternativa y es hasta su deber hacerlo.

Deben hacerlo con conciencia democrática y con claridad de que hoy no son mayoría ni lo serán en el corto plazo. Deben dejar de decirle a otros lo que hay que hacer, dejar la frustración porque no hacen lo que ellos dicen, recorrer el país, organizar sus bases, formar sus cuadros, competir en la elección y reconocer el resultado. Agarrar el toro por los cachos pues, hacer buenas sus palabras y propósitos, para que dejen de ser tarea para otros y comiencen a ser tarea para sí mismos.

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