Wednesday, November 30, 2016

José Guerra: BCV dejó el espacio abierto a tasas de cambio paralelas

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EL NACIONAL WEB
José Guerra, diputado a la Asamblea Nacional por Caracas, señaló que la tasa de cambio paralela de dólares es producto de la falta de atención del Banco Central de Venezuela (BCV) al mercado.
“El BCV dejó el espacio abierto para que la fijación de tasa de cambio no se hiciera en Venezuela. El peso chileno se establece en Santiago; el peso colombiano, Bogotá; el dólar, en Nueva York; y el Euro, en Francfort. Esto no ocurre en nuestro país, aquí más bien se fija fuera de nuestras fronteras”, declaró el economista en entrevista al Circuito Éxitos, este miércoles.
Guerra señaló que la problemática es causada por la desorganización en la economía venezolana. “Por ello, el mismo mercado buscó un respiradero en otra parte”.
El parlamentario detalló por qué los ciudadanos prefieren tener sus ahorros en dólares o en activos.
“Si tú tenías un millón de bolívares el primero de enero de 2016 y lo mantienes para el 31 de diciembre de 2016 en billetes, monedas y depósito bancario, perdiste la apuesta. La inflación te descargó el poder de compra. En cambio, los que lo invirtieron en activos y compraron dólares se siente más seguros frente las distorsiones”, concluyó. 


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Mis héroes intelectuales (6): Karl Popper

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ANÍBAL ROMERO
Poco después de llegar a Inglaterra para realizar mis estudios universitarios, en el ya distante año de 1971, me aficioné a un programa de la BBC Radio 4 titulado Los discos de la isla desierta(Desert Island Discs). Como tantas cosas en ese país amante de sus tradiciones, el mencionado programa comenzó en 1942 en plena guerra mundial y es todavía presentado cada semana. El formato es muy simple: un único invitado debe seleccionar las ocho piezas musicales que quisiera tener consigo y estar en capacidad de escuchar, en la situación hipotética de hallarse como náufrago en una imaginaria isla desierta. El conductor del programa y su invitado comentan sobre la música escogida, que es desde luego transmitida a la audiencia, y conversan acerca de las razones que motivan la lista de piezas musicales seleccionadas, así como sobre aspectos de la carrera y la vida del entrevistado de turno.
El programa se extiende por cuarenta minutos y las piezas musicales deben ser breves, de modo de ajustarse a ese límite y dar tiempo a que invitado y conductor intercambien puntos de vista. Esto es importante pues sé de amigos que pretenderían llevar a un programa similar (y a la isla desierta) las nueve sinfonías de Beethoven, o la totalidad de la casi interminable ópera El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner. Mas ese no es el punto del programa; se trata de algo más ligero y entretenido y la selección puede mezclar pasajes de piezas clásicas con música de rock, jazz, pop, o lo que decida cada participante. Ya no le sigo con la asiduidad de otros tiempos, pero de vez en cuando reviso por Internet el sitio web de Desert Island Discs, mediante el cual podemos explorar los archivos del programa desde los años cincuenta del siglo pasado y hasta la actualidad.
Resulta increíble escuchar, por ejemplo y entre muchos otros personajes, al mariscal Montgomery hablando de su música favorita, o a Marlene Dietrich, Arturo Rubinstein, V. S. Naipaul, Natalie Wood, Michael Caine, Tom Jones, Plácido Domingo, y hasta al ex espía Oleg Gordievsky, jefe de la KGB en Londres durante un período de la Guerra Fría, y a la vez agente infiltrado al servicio de los británicos. Han protagonizado el programa decenas de políticos, escritores, compositores, intérpretes, actores y actrices de cine y teatro, deportistas, arquitectos, y muchas otras personas de las más diversas procedencias y ocupaciones, y el archivo es un tesoro inagotable que nunca deja de producir hallazgos.
El lector se preguntará a estas alturas: ¿Y qué tiene todo esto que ver con Karl Popper, quien, que yo sepa, nunca participó en Los discos de la isla desierta? Pues, lo siguiente: así como siempre me ha resultado difícil completar una lista definitiva de ocho piezas musicales, como mero ejercicio hipotético, para llevar a una isla desierta, de igual forma me parece un desafío muy exigente compilar una lista de ocho libros con igual objetivo en mente, con una excepción. Sé que tratándose de libros portaría conmigo a la isla la obra de Popper, La sociedad abierta y sus enemigos (1945). Los otros siete libros conforman una lista cambiante a lo largo de los años, aunque algunos tienen mayor perdurabilidad que otros; sin embargo esa obra de Popper permanece sin cambios en la selección.
Karl Popper (1902-1994) es otro de mis héroes intelectuales, gracias de un lado a la fuerza persuasiva de su pensamiento y del otro a la claridad de sus principios políticos. Popper es conocido por sus aportes en el campo de la filosofía de la ciencia y también por sus obras de filosofía social y política. Entre los primeros se destaca su libro La lógica de la investigación científica, publicado en alemán en 1935 (primera edición en inglés de 1959), así como su conocida recopilación de estudios titulada Conjeturas y refutaciones (1963). Este último libro en particular ofrece una perspectiva de conjunto del pensamiento de Popper, ya que incluye ensayos de filosofía e historia de la ciencia, de historia de las ideas en general y de discusión en torno a autores, temas y problemas puntuales que estuvieron en el centro del interés de Popper a lo largo de su fructífera carrera. En cuanto a las obras de reflexión política, además de la mencionada y fundamental La sociedad abierta y sus enemigos, debo mencionar su libro de filosofía social y de la historia, La miseria del historicismo(1961).
En todos estos ámbitos Popper avanza sobre la base de un planteamiento en apariencia simple, pero que en sus manos se convierte en un poderoso instrumento crítico. Más que de una idea hablamos de una convicción, la de que podemos aprender de nuestros errores. De hecho, Popper coloca como epígrafe al comienzo de sus Conjeturas y refutaciones una frase de J. A. Wheeler, según la cual “nuestro principal reto es el de cometer nuestros errores lo antes posible”, y desde luego extraer lecciones de los mismos. También en el prefacio a esa obra y en apretada síntesis Popper expone su tesis medular: la vida entera consiste en confrontar e intentar resolver problemas, y el camino para lograrlo exige en primer lugar entender que somos falibles, que nos equivocamos, pero de igual manera y en segundo lugar que podemos enmendar los errores, si les abordamos con una visión crítica y nos esforzamos por analizar sus raíces y consecuencias. Dicho en otros términos, reconocer nuestra falibilidad no debe verse como la apertura de una puerta hacia el escepticismo, sino más bien como el trazado de una ruta que facilita el crecimiento de nuestro conocimiento. No existe en el plano de lo humano una “verdad” definitiva, ni siquiera en las ciencias naturales, sino solo aproximaciones a la verdad, unas más sólidas que otras. La verdad es un parámetro regulativo y no una conquista final, y el conocimiento científico empieza por la formulación de conjeturas o hipótesis que luego deben ser sometidas a pruebas y al esfuerzo de refutarlas. Las respuestas que sobreviven permiten construir nuevos peldaños de una escalera que esperamos ascienda siempre, pero cuyo proceso de edificación es tentativo.
Si bien, como han señalados diversos comentaristas, el rumbo de la investigación científica no siempre se ajusta a las prescripciones teóricas de Popper, su tesis al respecto funciona como un modelo ideal. Apegarse en lo posible al mismo es útil, y de igual modo ocurre en el terreno de la organización social y la existencia política, pues la sociedad abierta que promueve Popper se sustenta en la libertad crítica, en la posibilidad de reconocer los errores y rectificarlos, de resolver los problemas de la vida en común a través de la confrontación de ideas y de su corrección sin dogmas.
Popper defiende la democracia pero no la exalta como una panacea. Su visión es sobria y ponderada, pues en su opinión la democracia no es sino un mecanismo para cambiar a los malos gobiernos sin el uso de la violencia. Esto último, que a algunos puede lucir como escasamente inspirador, es en realidad muy importante, pues aparte de que casi todos los gobiernos son malos o insatisfactorios, acceder a mecanismos que permitan cambiarlos sin recurrir a la violencia es un logro inmenso, que solo es justamente valorado cuando no existe. Por todo ello la democracia en sí misma no es suficiente; es necesario que la democracia se conjugue con la libertad, es decir, con las limitaciones al poder, con la existencia de una sociedad de individuos libres bajo leyes iguales para todos, y con la permanente vigencia de controles al arbitrio de los que en un momento dado detentan el mando político. Una sociedad abierta es la que hace posible la crítica, y es claro que Popper establece una analogía entre su comunidad científica ideal y la sociedad libre que propugna.
En otra de sus compilaciones, publicada el año de su fallecimiento y titulada En busca de un mundo mejor (1994), Popper incluye un excelente estudio sobre “La autocrítica creativa en la ciencia y el arte”, en el cual desarrolla una intrigante analogía entre ciertos procesos productivos del artista y del científico, comparando en el primer campo a Mozart y Beethoven. En el caso de Mozart, explica Popper, encontramos una manifestación del genio en estado puro, capaz de trasladar sus audaces concepciones al papel de una sola vez y prácticamente sin realizar posteriores correcciones. Beethoven, otro genio artístico pero quizás de otro tipo, procedía de manera diversa, sometiendo muchas veces sus intrépidas creaciones a laboriosa crítica y haciéndolas ascender por esa escalera sin fin de la perfección, hasta nuevos y más elaborados niveles. De acuerdo con Popper, de ese modo la hermosa Fantasía coral se convirtió en la aún más bella Oda a la alegría.
En el plano político Popper se autodescribió como “una persona que valora la libertad individual y que está alerta frente a las amenazas de todas las formas de poder y autoridad”. Ante los que puedan erróneamente suponer que tal definición le acerca a una especie de anarquismo, Popper no se cansa de advertir que la libertad política solo puede existir y florecer dentro de un orden legal sostenido por un poder legítimo. Como ocurre con el caso de Friedrich Hayek (a quien por cierto Popper dedicó su obra Conjeturas y refutaciones), el respaldo de Popper a la economía de mercado no significa menoscabar el papel del Estado, sino focalizarle en su papel de garante de las leyes.
En conclusión, repito entonces que llevaría conmigo La sociedad abierta y sus enemigos a la isla desierta, pues es uno de los libros que más me han enseñado y de los que he obtenido los mayores deleites intelectuales. Sé que varios críticos de la obra han cuestionado ciertas interpretaciones específicas de Popper acerca de Platón, Hegel y Marx, y no dudo que puedan tener razón en algunas de sus objeciones concretas. No obstante, la crítica global que con brillantez despliega Popper en esa obra singular y de gran poder analítico me parece atinada, y su influencia en la lucha contra el totalitarismo jamás podrá subestimarse. De hecho, Popper escribió La sociedad abierta y sus enemigos durante los terribles años de la Segunda Guerra Mundial, y la concibió como su contribución personal al combate por la libertad en el terreno de las ideas. Pero el libro es bastante más que una detallada crítica a Platón, Hegel y Marx como enemigos de la sociedad abierta; es también un tratado que expone las propias tesis de Popper acerca del crecimiento del conocimiento y sus obstáculos, sobre los requerimientos de una sociedad libre y democrática, y con relación a la pregunta que con insistencia nos hacemos: ¿tiene algún sentido la historia? La respuesta de Popper, que no puedo glosar aquí pero que el lector curioso seguramente buscará por sí mismo, es de las más convincentes con las que me he topado.

www.anibalromero.net


Las enseñanzas de Castro

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CÉSAR MIGUEL RONDÓN
Fidel Castro, el dictador megalómano, narcisista y sangriento que recién ha muerto, encontró en el embargo de Estados Unidos la gran excusa para justificar la destrucción total de la economía cubana, la miseria cubana. Está suficientemente demostrado que el embargo –si bien existió y todavía existe– no ha sido la causa real de las penurias múltiples a las que ha sido sometido el pueblo cubano.
Entre las muchas enseñanzas de Fidel Castro a Hugo Chávez –y ahora a Nicolás Maduro– esta resalta: Aférrate a una excusa, yo me aferré al embargo. Aférrate tú a la gran excusa de la guerra económica. Así, pues, Maduro exhibe una guerra que no existe de forma alguna en la realidad –a diferencia del embargo norteamericano– para justificar la desgracia económica a la que ha condenado a los venezolanos.
Hoy Últimas Noticias publica: “Hay un enorme ataque a la economía”. Cita a Maduro afirmando: “La agresión a la moneda proviene de Estados Unidos (…) Ordenan a las calificadoras de riesgo dar la puntuación a Venezuela”. Aquí hay un dilema. Una de dos: o Maduro no tiene la menor idea de lo que está diciendo, o sí la tiene y está mintiendo. Cualquiera de las dos es grave, terrible e imperdonable para los venezolanos.
Otra cita en Últimas Noticias: “Afirmó el presidente que en el 2017 se inicia la nueva economía productiva”. ¡Hasta cuándo esta farsa, esta burla al país de seguir hablando en términos de futuro, como si fuera un gobernante que recién está por tomar el poder! Ni Trump en Washington. Dieciocho años al mando y todavía se escuda en un futuro que nunca le llega. Cínicamente afirma que en el 2017 se inicia la nueva economía productiva después de dieciocho años de desgracia improductiva.
El Nuevo País en su gran titular: “Se esfuma el dinero, mientras el dólar paralelo sigue montado sobre un cohete. Los precios aumentan 1,5% diario, según el Cendas, y la inflación puede cerrar el año en 450%”. Cuando dice que va en un cohete ese dólar innombrable es porque se ha disparado en vertical y a toda velocidad. Con alarma semejante 2001 titula: “Sin querer queriendo (parafraseando al Chapulín aquél, con el que ilustra su portada) el verde paralelo subió más de 700 bolos ayer. José Guerra afirma que muchos comerciantes con inventarios cerrarán los primeros días de diciembre a ver cómo se manejan en enero. Suma la falta de efectivo como otro dolor de cabeza. Para que tengamos una idea, el pernil más majunche según cuesta 55.000 bolívares.”
Y en Konzapata, un trabajo con la firma de Roberto Deniz: “Entre enero y octubre el Cencoex apenas liquidó 113 millones de dólares a empresas del sector de alimentos. La parálisis en la liquidación de divisas explica el desabastecimiento generalizado en el mercado venezolano. Datos extraoficiales del Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), confirman el desplome en las asignaciones de dólares, pese a que el gobierno insiste en el discurso de la ‘guerra económica’. Los números están muy lejos de los entre 2.000 y 3.000 millones de dólares que se requerían este año para resolver ‘estructuralmente’ el problema de la escasez, según las estimaciones de Cavidea”.
De 3.000 millones necesarios apenas se liquidaron 113 millones. Pero ya Maduro debe haber despegado rumbo a La Habana, a rendirle tributo a su maestro en esto de destruir.
Y ese, quizá, sea su verdadero “mérito” para pasar a la historia, que ni lo absolvió ni lo absolverá jamás: Castro, el hombre que destruyó no uno sino dos países, Cuba y Venezuela también.

Ayudas ilegales

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María Amparo Grau

Para evitar la intervención del Estado en áreas de la economía que bien pueden ser servidas por sus actores principales, que son los particulares, el ordenamiento jurídico europeo ha desarrollado el tema de las “ayudas ilegales”. Se trata de impedir que los gobiernos desvirtúen el mercado, manipulándolo en perjuicio de sus agentes naturales a través del uso de una actividad de fomento que falsea la competencia y en definitiva conlleva a la afectación final de los consumidores y usuarios, y a la población en general, al dañar con este tipo de acciones el sano desarrollo de la economía.
La práctica común del Estado venezolano, más aún hoy cuando se le concibe como el actor principal de la actividad económica en detrimento del sector privado, de rescatar las empresas públicas fracasadas que sólo a través de la ayuda gubernamental pueden mantenerse en el mercado y con poca probabilidad de éxito o apoderarse de la empresa privada en quiebra, tiene un efecto nocivo no sólo en el patrimonio público que así se dilapida, sino también en el desarrollo eficiente de la actividad económica y el ulterior beneficio que de allí se propagaría para la sociedad toda.
Así el anuncio en el sentido de que el gobierno de Nicolás Maduro destinará 1.733 millones para desarrollar las obras de rehabilitación y recuperar el antiguo Hotel Tamarindo Guacuco ubicado en Margarita, estado Nueva Esparta, con el objetivo de fortalecer la actividad turística en la entidad (El Nacional, edición de fecha 28 de noviembre de 2016), no sólo no traerá los efectos deseados, sino que en una economía de mercado y libre competencia, como es la nuestra, de acuerdo a las normas constitucionales vigentes, debería ser considerada ilegal.
El caso de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Justicia al declarar ilegal la pretendida participación de la comunidad valenciana en un proyecto de estudios cinematográficos denominado “Ciudad de la Luz”, en Alicante, es buen ejemplo. La ayuda fue totalmente ilegal, y por ende se condenó al Estado a la devolución de la cantidad de 265 millones de euros que habría invertido para financiar el proyecto en una sociedad que entre 2004 y 2010 había arrojado pérdidas por un monto de 84 millones de euros.
La razón de la ilegalidad fue la aplicación del criterio del inversor privado previsto en las normas comunitarias, según el cual se determinó que la ayuda no habría sido asumida por un inversor privado en las mismas condiciones y, por tanto, se concluyó en que a través de ella el Estado habría alterado la competencia en el sector.
La figura de las “ayudas ilegales” protege no sólo los principios de un sistema de economía de mercado, sino que permite controlar el actuar irresponsable de un Estado que administra el patrimonio haciendo gastos que el buen inversor privado no realizaría, sabiendo que perderá la inversión.
Consideraciones de política social pueden en efecto justificar el destino de recursos públicos sin posibilidad alguna de beneficio (en salud, educación, vivienda de interés social, seguridad social, infraestructura, etc.), pero en la gestión económica empresarial el Estado sólo puede realizar este tipo de intervención si además de una razón de interés público existe la racionalidad del gasto, el cual no se justifica cuando se inmiscuye en actividades que bien puede llevar a cabo el sector privado, y más cuando en ellas la gestión pública empresarial ha fracasado. En lugar de contribuir con este tipo de intervención al desarrollo del sector, en este caso turístico, a la larga, al distorsionar el mercado, lo perjudica.
Es claro que la política económica del gobierno responde no sólo a un modelo inconstitucional, sino también contrario a los principios de la buena gestión empresarial, por lo que se condena al fracaso de la actividad y desarrollo económico y social del país, y, además, se compromete el manejo transparente y correcto del erario público.

Mr. Shannon no es Mr. Danger

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CARLOS BLANCO
Tom Shannon en Caracas parece hacer el papel del abuelo gringo, al que solo le falta el gorro de Santa Claus, para abrazar a Nicolás, el muchachote gordo y bobo que no entiende a cabalidad sus tareas. Sin embargo, ni el primero es un visitante desprevenido, ni Maduro es bobo, aunque su ignorancia monumental opaque su talento para la ruindad.
Shannon está al tanto de todo. Sabe quiénes son los actores, cómo se mueven y qué piensan. Pierden el tiempo quienes en Washington o en Caracas intentan mostrarle detalles sobre las andanzas de la tiranía. A veces es él quien informa a sus interlocutores venezolanos sobre pormenores que desconocen. Además, no cabe suponerle simpatías por un régimen cuyas perversidades sabe. Entonces, ¿por qué Mr. Shannon representa un camino tan equivocado para la restitución de la democracia venezolana?
Mi hipótesis es que la política de Estados Unidos hacia el régimen chavista busca convencer a los próceres criollos mediante el ejercicio del poder moral, pero sin ejercer el poder político (que no son los “marines”, por cierto); poder político que asoman desde lejos sin continuidad y consistencia, como con las sanciones espasmódicas. En las reuniones con Maduro, Shannon seguramente le muestra con cordialidad el camino promisor que se le abriría al lado de su familia y cofrades, si de buen grado cambia, libera presos políticos y adopta nuevas estrategias; mientras Maduro tan impertérrito como el coronel Aramendi, ve pa’l techo.
Las sanciones adoptadas por el Congreso y luego la Casa Blanca no fueron del agrado del Departamento de Estado porque “interrumpían” lo que se podía obtener con el “diálogo”; y lo de los juicios en Nueva York parece una acción autónoma de la inteligencia norteamericana y luego de la justicia de ese país.
El intento de Mr. Shannon de convencer a Mr. Maduro sin molestarlo, le ha impedido visitar a Leopoldo, Ledezma, Simonovis y los demás presos políticos. Asimismo lo obliga a tener como interlocutores privilegiados dentro de la oposición solo a los de un sector. Lo más terrible es que ha sido promotor –si es que no es inspirador– del esperpento de diálogo protagonizado por Samper y Zapatero, a los cuales parece asociado en objetivos y prácticas hacia Venezuela, después de haber dejado a la intemperie a Luis Almagro en la OEA.
Hay fuerzas que se mueven para que Donald Trump conserve a Shannon al frente de la política hacia Venezuela. No sé si ocurrirá, pero lo que no debería continuar es la alimentación de una línea fracasada, con un “diálogo” que para Maduro solo significa ganar tiempo.

Asesinatos del gobierno-OLP

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SUCESOS

Pedro Almodóvar sobre Donald Trump: Me inspiraría una película de catástrofes

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EL MERCURIO / CHILE
Pedro Almodóvar, que inauguró una retrospectiva a toda su carrera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), aseguró que el presidente electo de EE UU, Donald Trump, le inspira una "película de catástrofes".
"Este hombre va a dar mucho material, sobre todo a humoristas, pero nos va a tocar a todos sufrir las consecuencias de su trabajo. A mí lo que me inspiraría seriamente es una película de catástrofes", afirmó.
Almodóvar, quien hace unas semanas apostó por una victoria para la demócrata Hillary Clinton, afirmó que Trump "es uno de esos personajes que no parecen verosímiles en la vida real".
"Sería un gran personaje de ficción. Pero debería quedarse ahí, en la ficción. Tener que soportarlo es una desgracia enorme", apuntó el director manchego, quien confío en que el magnate "pierda la paciencia y se vaya pronto" de la Casa Blanca.
El director de Mujeres al borde de un ataque de nervios y Todo sobre mi madre inauguró la retrospectiva acudiendo a la proyección de Julieta, que se estrenará este mes en los cines de EE.UU. y que se podrá ver junto con las otras 19 películas de su filmografía en el museo neoyorquino.