
Frente a frente. Con mesura, José Vicente Rangel
fue llevando a Nicolás Maduro al terreno que quería. El Presidente no
parecía estar en una entrevista. El tono de voz era el del jefe de
Estado ante a un grupo de militantes, o del Maduro en cadena nacional,
siempre en plan de ataque. Rangel, reposado, hacía el contraste. Maduro,
demostraba, una vez más, estar fuera de contexto.
Cuando Rangel penetró en el terreno económico, lo hizo con los puntos
que le han dado vueltas en la cabeza en los últimos meses. Que no es
secreto. Rangel venía hablando de correcciones económicas en varios de
sus programas y en algunos de sus artículos en Ultimas Noticias. La
coincidencia en la visión con el Plan Ramírez resultaba evidente. Y de
allí la preocupación, no oculta, de que se caminaba sobre vidrios rotos.
Se notó ayer que Rangel tenía entre ceja y ceja desahogarse. Y lo hizo a
su modo. Sin levantar la voz. Inmutable. Como si él no rompiera un
vidrio, ni siquiera de los que ya están rotos. De pronto, aquellas
preguntas, ambos las calificaron de provocaciones. Tal vez porque en el
fondo de lo que estaban hablando era del Plan Ramírez.
1-El aumento de la gasolina. Rangel se lo recordó. Se perdió la
oportunidad. Que los trabajadores ya le habían dado el visto bueno. (No
se dijo, pero en el III Congreso del PSUV también se apoyó el aumento).
¿Y qué respondió Maduro? Que el tema es delicado para la mayoría de los
venezolanos. Que en este contexto es echarle fuego a la candela. ¿Cuál
es el contexto? Maduro lo dijo: un momento en que predomina el factor
especulativo. La respuesta es contradictoria en sí misma. Se nota que
hay temor, miedo, falta de voluntad. Pues, justamente, el aumento de la
gasolina es para evitar el factor especulativo. De hecho, fue errático.
Cuando comparó el precio de la gasolina con el del agua puso un margen
de diferencia de 2.000 a 3.000 veces. En un margen de esa magnitud se
descubre a un jefe de Estado que no maneja los números ni la precisión
del problema. ¿Por qué no ser más preciso? ¿Por qué la improvisación?
Luego dijo que el gobierno no está urgido para aumentar la gasolina. Que
hay recursos para cubrir el presupuesto de 2015. Pero, enseguida, soltó
una perla sumamente grave: “La verdad es que no tenemos claro el
impacto del arranque” de la medida. Es decir, del aumento de la
gasolina. Lectores. He aquí la verdad. El Gobierno. El Presidente. Aún
lucen desconcertados. No están seguros de qué hacer. Cómo lo van a
hacer. Por ello habla de que aún tiene que “calcular el momento”.

2-El
problema cambiario. Donde se volvió un enredo fue tratando de explicar
lo de los diferentes tipos de cambio. Aquí Rangel, sin mayores
aspavientos, lo introdujo en campo difícil. Y era otra vez la propuesta
Ramírez. Un orgulloso Maduro volvió a defender lo que es una debilidad:
que el 98% de las divisas de 2014 son recursos del estado. Entonces
habló de los distintos tipos de cambio. Y entró en materia del Sicad II,
reconociendo que no ha funcionado como se previó que debía funcionar, y
que los actores privados no lo han aprovechado, ignorando dos aspectos
fundamentales: que la corrupción sigue canalizando las divisas por los
tipos de cambio más baratos, pues al voltearse en el mercado paralelo
obtienen más ganancias; y que mientras no haya confianza, ni el paralelo
bajará, ni en el Sicad II los privados entrarán a ofertar divisas
propias. Maduro prefirió irse por lo mismo: la guerra económica, la
conspiración, y hacerse eco del gran poder que tienen las webs que
publican el dólar paralelo. Hasta Eligio Cedeño reapareció en medio de
la polémica. Ya eliminada Cadivi, ya ido Manuel Barroso, lo peor es que
Maduro reconoció problemas en el Cencoex, organismo manejado por
Alejandro Fleming, colaborador suyo directo, de confianza. Puso de
ejemplo a una empresa a la que se le habían aprobado 36 millones de
dólares y cuyos dueños no vivían en Venezuela desde hacía 5 años. O sea,
se eliminan organismos y se crean otros para que funcionen mejor, y
resulta que el nuevo repite los mismos problemas. Entonces, ya no tuvo
otra opción sino anunciar que”vamos a hacer un ajuste (a Sicad II), en
el momento que esté listo lo anunciaré. Vamos a incorporar nuevos
elementos. Sicad 2 no ha funcionado como diseñamos que funcionara”. Fue
ahí que introdujo el tema de que es “una mafia que desde Miami, la que
ataca fantasmalmente la moneda, y sencillamente su objetivo es sumar
elementos dentro de la guerra psicológica”. De modo que volvió a lo
mismo, mil veces dicho: “Voy a instalar en Miraflores un Estado Mayor de
Guerra económica que personalmente voy a dirigir como tarea central. He
logrado la asesoría de un conjunto de expertos nacionales e
internacionales”. Al final, no valen otras conclusiones. Maduro no
parece entender la economía. Casualmente ayer, Francisco Rodríguez (Bank
Of America), le declaraba a El Universal que urge “sincerar el tipo de
cambio. El gobierno está vendiendo dólares a precios irreales”, y que
“hay que distinguir entre las políticas microeconómicas, macroeconómicas
y sociales”.
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