Gustavo Coronel
Cuando
el ministro de la Defensa venezolana, Vladimir Padrino López, asiste a
las reuniones de gabinete
saluda a Néstor Reverol, ministro del Interior, y piensa: “este está
indiciado de narcotraficante”. Se voltea y abraza a Tareck El Aissami,
vicepresidente y se dice: “A este lo acaban de indiciar por
narcotraficante y de congelar sus bienes en USA”. Presenta
sus respetos al Presidente de la república, quien tiene dos sobrinos
presos por narcotráfico en USA y a otros ya en la mira de la justicia
internacional.
Padrino
López se sienta en la mesa rodeado de narcos. Por supuesto, esto lo
sabía él hace tiempo ya.
Pero con el sistema de censura que impera en el país nadie o casi nadie
lo mencionaba y el chavismo podía vivir protegido por ese manto de
silencio, llegando hasta a creer que todo estaba “excesivamente normal”,
como dice el palangrista número uno del régimen,
José Vicente Rangel. Lo que está haciendo los Estados Unidos, piensa
Padrino, es sacar estos trapos sucios para la calle. Todavía la censura
medio funciona, piensa Vladimir, busquen hoy la noticia de El Aissami en
El Universal o en Notitarde para que vean
donde la tienen, escondida bajo “noticias internacionales”, cuando se
habla nada menos que del vicepresidente del país.
Sin embargo, ya Padrino López se da cuenta de que está rodeado de narcos y que todo el mundo lo sabe.
Ya nadie se equivoca. Cuando se sienta en reuniones con esos funcionarios todos los venezolanos saben con quién está sentado.
Y eso se pega.
¿Qué hará Padrino López? Por ahí viene el carnaval. ¿Se disfrazará de Larrazábal? Esta es su última oportunidad
porque en el carnaval de 2018 ninguno de ellos estará sentado en el gabinete.
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