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Al eliminar la política de pies secos / pies mojados, Obama no solo cortó
una vía de escape para los cubanos, sino aumentó el abatimiento que
trae la crónica ausencia de sueños, la sensación de asfixia generalizada
Yoani Sánchez
El País
Febrero 12, 2017
http://elpais.com/elpais/2017/02/08/opinion/1486579931_862385.html
Las estadísticas engañan. Solo reflejan valores mensurables, realidades
tangibles. Los organismos internacionales nos atiborran de números que
miden el desarrollo, la esperanza de vida o el alcance de la educación, pero
rara vez aciertan en graduar la insatisfacción, el miedo y el desaliento. Con
frecuencia en sus informes se describe a una América Latina y a sus
habitantes encerrados en la inopia de los dígitos.
Este año la región tendrá un tenue crecimiento del 1,3%, según ha
pronosticado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Un dato que apenas logra transmitir la envergadura de las vidas que dejará
arruinadas el renqueante andar de la zona. Los proyectos inconclusos y un
largo rosario de dramas sociales se acentuarán en muchos de estos países en
los próximos meses. El caldo de cultivo donde brotan los populismos.
Sin embargo, el drama mayor sigue siendo la falta de horizontes que
experimentan millones de habitantes de este lado del planeta.
Un haitiano que cruza la selva del Darién para llegar a Estados Unidos no lo
hace solo impulsado por las míseras condiciones que vive en su país, los
destrozos dejados por los fenómenos naturales o las repetidas epidemias que
se cobran miles de vidas. El más poderoso motor que lo mueve es la
desesperanza, la convicción de que en su tierra no tendrá nuevas
oportunidades.
No atisbar el fin de la violencia empuja a otros tantos centroamericanos a
escapar de sus países. En varias de estas naciones las pandillas se han vuelto
un mal entronizado, la corrupción ha corroído el andamiaje interior de las
instituciones y los políticos van de un escándalo en otro. El desaliento
promueve entonces una respuesta muy diferente a la que genera la
indignación. El primero suscita escapar, la segunda rebelarse.
Mientras tanto, en esta isla del Caribe, millones de seres humanos rumian su
propia desilusión. Por décadas los cubanos huyeron movidos por la
persecución política, los problemas económicos y el hastío. Hasta el pasado
12 de enero esa sensación de asfixia generalizada tenía una salida, se llamaba
política de pies secos / pies mojados y el presidente Barack Obama la eliminó
a pocos días de concluir su segundo mandato.
Los más acérrimos críticos de aquel privilegio migratorio aseguran que
incentivó las deserciones y las salidas ilegales. Hay quienes critican también
su injusto carácter al beneficiar con prerrogativas a quienes no escapaban de
un conflicto bélico, un genocidio o un cataclismo natural. Olvidan entre sus
argumentos que el desaliento también merece ser tenido en cuenta y
computado en cualquier fórmula que intente descifrar la fuga masiva que
afecta a una nación.
Un error similar al que cometen los organismos como la FAO, el Alto
Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados o la Cepal que se
especializan en medir parámetros al estilo de la cantidad de calorías ingeridas
cada día, el efecto del cambio climático en los desplazamientos humanos o
las décimas que decreció el Producto Interno Bruto de una nación. Sus
reportes y declaraciones jamás sopesan la energía que se acumula bajo la
frustración, el peso que tiene la decepción o la impotencia en toda
migración.
Cuando más de tres generaciones de individuos han vivido bajo un sistema
político y económico que no evoluciona ni progresa, se extiende entre ellos la
convicción de que esa situación es eterna e inmutable. Llegan a perder el
horizonte y en sus mentes echa raíces la idea de que nada puede hacerse
para cambiar el statu quo. A ese punto han ido arribando muchos de los
nacidos en Cuba después de enero de 1959 y que crecieron con la convicción
de que todo había sido hecho por otros que los antecedieron.
Eso explica que un joven que poco antes dormía bajo un techo en La Habana
tenía acceso a una cantidad limitada, pero segura, de alimentos a través del
mercado racionado y pasaba sus largas horas libres en el banco de un parque
se lance al mar en una balsa a merced de los vientos y de los tiburones. La
falta de perspectivas está detrás también de una buena parte de los casos de
migrantes isleños que han terminado en los último años en manos de
traficantes de personas en Colombia, Panamá o México.
Washington no solo ha cortado una vía de escape, sino que la decisión de la
Casa Blanca ha terminado por subir los grados de ese abatimiento que trae la
crónica ausencia de sueños que caracteriza al país. La Ley de Ajuste Cubano,
implementada desde 1966, se mantiene para quienes logren probar que son
perseguidos políticos, pero la sensación más extendida entre los potenciales
migrantes es la de haber perdido una última posibilidad de alcanzar un
futuro.
Sin embargo, ese menoscabo de la ilusión tiene pocas posibilidades de
transmutarse en rebelión. La teoría de la olla de presión social a la que
Obama ha cerrado la válvula de escape para que el fuego de las estrecheces
internas y la represión la hagan estallar suena bien como metáfora, pero no
incluye algunos importantes ingredientes. Entre ellos la resignación que
desarrollan los individuos sometidos a realidades que se presentan como
inmutables.
La creencia de que nada puede hacerse y nada cambiará se mantiene por
estos lares como el principal estímulo para levar anclas y partir hacia
cualquier rincón del planeta. La olla no estallará con un mar de gente en las
calles derrocando al Gobierno de Raúl Castro y entonando himnos en ese
soñado “día D” que tantos se cansaron de esperar.
Quienes crean que el cierre de una puerta migratoria actuará como el
chasquido de los dedos que despierta a una sociedad hipnotizada a la
conciencia cívica, se equivocan. La cancelación de esa política de beneficios
en territorio estadounidense no alcanza para crear ciudadanos.
Una nueva barrera burocrática es poca cosa ante quienes consideran que han
tocado su techo de vuelo y que en su patria no les queda ya nada por hacer.
Esa callada convicción nunca aparecerá en las tablas, los gráficos de barras ni
los esquemas con que los especialistas explican las causas de los éxodos y los
desplazamientos. Pero desconocerla les hace no comprender tan prolongada
escapada.
Lejos de los informes y de las estadísticas que todo lo quieren explicar, la
desesperanza llevará a los migrantes cubanos hacia otros lares, reorientará
su ruta hacia nuevos destinos. En lejanas latitudes florecerán comunidades
que degustarán su consabido plato de arroz con frijoles y seguirán diciendo la
palabra “chico” ante muchas de sus frases. Son esos que soltarán una
lagrimita cuando vean en el mapa ese trozo de tierra largo y estrecho donde
un día tuvieron sus raíces, pero sobre el que nunca pudieron dar frutos.
Yoani Sánchez. (La Habana, 1975).Estudié durante dos
cursos en el Instituto Pedagógico la especialidad de Español-
Literatura. En el año 1995, me trasladé a la Facultad de
Artes y Letras donde terminé, después de cinco años, la
especialidad de Filología Hispánica. Me especialicé en la
literatura latinoamericana contemporánea y discutí una
incendiaria tesis titulada “Palabras bajo presión. Un estudio
sobre la literatura de la dictadura en Latinoamérica”. Al
terminar la Universidad había comprendido dos cosas: la
primera, que el mundo de la intelectualidad y la alta cultura
me repugnaba y la más dolorosa, que ya no quería ser
filóloga.
En septiembre del 2000, me fui trabajar a una oscura oficina
de la Editorial Gente Nueva, mientras arribaba al
convencimiento –compartido por la mayoría de los cubanosde
que con el salario ganado legalmente no podría mantener
a mi familia. De manera que, sin concluir mi servicio social,
pedí la baja y me dediqué a la mejor remunerada labor de
profesora de español – freelance– para algunos turistas
alemanes que visitaban La Habana. Era la etapa (prolongada
hasta el día de hoy) en que los ingenieros preferían manejar
un taxi, los maestros hacían hasta lo imposible por trabajar
en la carpeta de un hotel y en los mostradores de las tiendas
te podía atender una neurocirujana o un físico nuclear. En el
2002, el desencanto y la asfixia económica me llevaron a la
emigración en Suiza, de donde regresé –por motivos
familiares y contra la opinión de conocidos y amigos– en el
verano del 2004.
En esos años descubrí la profesión que me acompaña hasta
hoy: la informática. Me di cuenta que el código binario era
más transparente que la rebuscada intelectualidad y que si
nunca se me había dado bien el latín al menos podría probar
con las largas cadenas del lenguaje html. En el 2004 fundé
junto a un grupo de cubanos –todos radicados en la Isla– la
revista de reflexión y debate Consenso. Tres años después
trabajo como webmaster, articulista y editora del Portal
desde Cuba.
En abril de 2007 me enredé en la aventura de tener un Blog
llamado Generación Y que he definido como “un ejercicio de
cobardía” que me permite decir en este espacio lo que me
está vedado en mi accionar cívico. Ese proyecto personal
derivó a un empeño colectivo y de perfil informativo que es
el diario 14y medio.com fundado el 21 de mayo de 2014.
Mi exorcismo personal también me hizo ganar en mayo de
2008 el premio de Periodismo Ortega y Gasset en la
categoría de trabajo digital. Fui seleccionada por la revista
Time entre las 100 personas más influyentes del mundo en
la categoría “Héroes y pioneros” y mi bitácora fue incluida
entre los 25 mejores blogs del mundo, en una selección
hecha por esa misma revista junto a la CNN. Merecí el
premio del jurado en el concurso español Bitácoras.com y el
máximo galardón en los connotados premios The BOBs, que
incluyen a más de 12 mil participantes de todo el mundo. La
revista semanal del periódico El País publicó en su edición
del 30 de noviembre una selección de los 100
hispanoamericanos más notables del año; la revista Foreign
Policy eligió en diciembre los 10 intyelectuales más
importantes del años y otro tanto hizo la prestigiosa revista
mexicana Gato Pardo. Esta modesta servidora está incluida
en todas esas enumeraciones. ¡Mucho más de lo que podría
haber soñado cuando comencé a unir frases para subir mi
primer post!
Vivo en La Habana, he apostado por quedarme y cada día
soy más informática y menos filóloga.
Correo: yoani.sanchez@gmail.com
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