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Saludos,
Mientras una humilde madre de 81 años pide una fe de vida de su hijo desaparecido desde hace 14 meses por la dictadura, el hijo de Maduro sabe dónde y cómo está su padre. Sabe además que cuenta con abogados de lujo, que cobran honorarios por las nubes que no serán calculados a “tasa BCV”.
El juez ha rechazado desestimar el caso, una señal de que la ausencia absoluta en la presidencia de Venezuela es un hecho indiscutiblemente “público, notorio y comunicacional”, que debería generar consecuencias jurídicas y electorales inmediatas, si la Constitución estuviese en plena vigencia… pero ya sabemos que no es así.
Maduro enfrentará un juicio apegado al debido proceso, igual que Cilia Flores, a la que, por ejemplo, el juez le concedió una petición para un chequeo cardiológico. Un derecho que el régimen le bloqueó a cientos de presos condenándoles de facto a la muerte, como ocurrió con el ex gobernador Alfredo Díaz, fallecido en El Helicoide, por solo mencionar uno de varios casos similares.
La poderosa dupla dictatorial ahora viste de caqui, sin escoltas, ni símbolos de poder. Nos reconforta saber que enfrentarán un juicio por sus crímenes y atrocidades, pero falta mucho, muchísimo, para que la justicia sea realidad en Venezuela.
La tarea sigue pendiente: hay que seguir empujando y presionando. Los compinches de Maduro están sueltos, quieren prolongar el terror y seguir haciendo de las suyas.
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