EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/05/el-manifiesto-de-panama/
El documento suscrito por María Corina Machado y Edmundo González, con el apoyo de la Plataforma Unitaria Democrática, es un documento importante. Al menos, por dos razones.
La primera, es la disposición de las fuerzas democráticas a entablar una negociación política con el régimen interino. Y la segunda, retomar la idea del Gran Acuerdo Nacional planteado desde la campaña electoral de 2024. Todo ello con “el acompañamiento del gobierno de Estados Unidos”.
El texto producido tras el encuentro en Panamá de María Corina Machado con dirigentes de la oposición venezolana es, además, necesario, para darle a la lucha política opositora un horizonte que le permita recuperar la iniciativa política, ampliar su relación con sectores de la vida nacional e impulsar una mayor organización en el país para sostener la lucha por el cambio político.
Aunque tanto la negociación como el acuerdo nacional pueden desarrollarse de manera simultánea, cada uno de ellos debe tener un plan particular, con tareas identificadas, responsables y metas particulares y también conjuntas en las que ambas iniciativas confluirán.
El régimen siempre ha negociado -o ha hecho que negocia- con los factores que le interesa. No hay indicios públicos de que estén dispuestos a comenzar una negociación con las fuerzas que lo derrotaron en la elección del 28J. Por lo que resulta lógico señalar que esa negociación -de darse- tiene que ser planteada como un objetivo a alcanzar. Es decir, llevar al régimen a una mesa de negociación “seria, firme y responsable”, como la califica el documento.
La gran pregunta es: ¿qué hay que hacer para eso? Washington, antes de tomar la decisión de acompañar, tendrá que manifestar su voluntad inequívoca de que comparte la idea de la negociación como parte del denominado Plan Rubio. Solo con una negociación de las características señaladas por la oposición democrática se podrá efectivamente elegir un CNE de garantías, liberar a todos los presos políticos, desmontar el aparato represivo y promover el retorno seguro de los exiliados que quieran hacerlo.
El régimen, si aceptara negociar, va a poner sus condiciones también. De eso se trata las negociaciones. Para los que mandan de manera ilegítima y con escaso apoyo popular el foco central no es la convocatoria a elecciones presidenciales. Y como siempre, como ha ocurrido en el pasado, intentará retrasar lo que más pueda una medición electoral. La presión de Washington en ese sentido es crucial.¿Estará por la labor?
El gran acuerdo nacional es una tarea pendiente de la oposición. Una iniciativa clave para el fortalecimiento político y organizativo que se ha pospuesto -o ha avanzado lentamente- como consecuencia del largo período represivo que se inició incluso antes del resultado electoral del 28J. Ocuparse de esta tarea es urgente, con la intención de sumar más fuerza, más gente y más lideres sociales y políticos a la causa democrática.
El Manifiesto de Panamá es una buena noticia. Hay que ponerlo en ejercicio con premura y con paciencia, con metas claras en espacio y tiempo, con mensajes nítidos y coherentes y con ingredientes emocionales que permitan, de nuevo, renovar la esperanza, la capacidad de lucha y el compromiso irrevocable de alcanzar la libertad y la democracia.
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