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Saludos,
Las escandalosas
revelaciones sobre las andanzas de Zapatero han enmudecido a unos cuantos
alcahuetas, normalizadores y profesionales del elogio, que hasta hace poco
aplaudían la obscena intervención del socialista español en la política
venezolana, mientras condenaban a quienes mantenían la distancia y el recelo
con este ex presidente devenido en un vicioso y retorcido estafador
transnacional.
La presencia de Zapatero
en nuestro país siempre estuvo marcada por su defensa del régimen opresor y el
menosprecio que siempre mostró hacia la oposición mayoritaria, muy
especialmente frente a María Corina Machado. Ella desde hace mucho tiempo
alertó sobre la oscura trama que envolvía al personaje y nunca se dejó
impresionar con el cuento de que era un mediador.
Los informes de la
policía española confirman lo que los venezolanos ya intuíamos: Zapatero se
convirtió en un mercenario que sacó provecho de la crisis política nacional,
con tal desparpajo que cuidado y si no aventaja a los caraetablas criollos.
El socio de los hermanos
siniestros se paseó por todo tipo de negociados turbios en Venezuela y solo hay
que imaginarse las vagabunderías que perpetró en el resto de Latinoamérica,
usando la plataforma del Grupo Puebla, una coalición que Zapatero creó junto a
Rafael Correa, Petro, Lula y el abusador de menores, Evo Morales, entre otras
joyitas.
El derrumbe de Zapatero
no tiene vuelta atrás. Una caída tan estrepitosa e irreversible como la de
Maduro y su cómplice Alex Saab.
¡Que no escampe!
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