EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/ajuste-necesario/
La frase que más se repite en el mundo ahora es más o menos así: “Lo importante no es el plan, sino la rapidez con la que uno se adapta al nuevo escenario que aparece, cuando la realidad inevitablemente lo destruya”. No es nueva, es de un general alemán del siglo XIX. Lo curioso es que su validez alcanza todos los ámbitos del quehacer humano. En estas últimas semanas, por ejemplo, está en la cabeza de los entrenadores de fútbol que compiten en el mundial y en la de miles de millones de fanáticos del deporte que los maldicen por ignorarla.
Debe estar también muy presente en la cabeza de los decision-makers de los departamentos de Estado y Defensa de los Estados Unidos, con relación al caso Venezuela. El plan era simple: Usar una fuerza militar disuasiva para: capturar a Maduro y Cilia, negociar con los chavistas un gobierno interino que impida la anarquía y violencia, comenzar a desmontar el aparato del poder chavista, estabilizar la economía y preparar el terreno institucional para realizar unas elecciones en un plazo prudente. El personal para realizarlo: El mismo gobierno y poder institucional de Nicolás Maduro, sin Maduro. Vale decir, Delcy, Jorge, Diosdado… y algún que otro retoque o enroque.
Según los intereses de Donald Trump, vale decir, lo importante son los negocios (hace poco declaró con satisfacción más que evidente que en su primer año de gobierno se había ganado 2 millardos de dólares), el plan funcionó de maravilla. Con un bono adicional, para haber sido comunistas, los jefes del interinato no podrían haber sido más obsecuentes con los intereses de la claque económica de Trump.
Según los intereses de los chavistas; mejor imposible. A pesar de reconocer su derrota (el “Estamos caídos” de Jorge). En lugar de estar encerrados con las infaustas bragas anaranjadas, todavía siguen sentados al volante del autobús. De hecho, como demanda la máxima porque su plan sí que no funcionó, se están adaptando y todo lo que hacen va orientado hacia permanecer en el poder.
El plan no ha funcionado para la vasta mayoría de venezolanos ni para los funcionarios y políticos de EE UU que quieren darle fin a un régimen de 27 años y restablecer la democracia en Venezuela. Después de conceder un tiempo prudencial (6 meses hoy 3 de julio) ya consideran que el plan fue destrozado por la realidad y toca adaptarse. Para muchos estaba destruido desde hace meses, la catástrofe sísmica del 24-J ha sido algo así como un trágico y doloroso llamado de atención. Después del terremoto, el gobierno interino quedó desguasado. Ha mostrado al máximo y sin rubor alguno cómo sus caracteres indelebles han reaccionado. Su incompetencia ha devenido en inutilidad, su corrupción en depravación (pérdida total de valores éticos) y su poca credibilidad cruzó el parámetro cero del eje cartesiano y se tornó negativa, nadie les cree nada.
En la Casa Blanca y Foggy Bottom ya sabían que tocaba adaptarse a la realidad tras el fracaso del primer plan por una razón fundamental: En un plan político la variante pueblo no se puede dejar de lado y eso es lo que ha ocurrido. La gente no recibió el regalo de la libertad sin condiciones de los presos políticos; los interinos fueron crueles y mezquinos con los sentimientos de los otros. La gente no ha percibido ni recibido las bondades económicas del plan ni tiene la expectativa de que la situación vaya a mejorar si el Rodrigato (los jefes según el plan) sigue al frente. Por último, pero más importante, el pueblo de Venezuela escogió su liderazgo en julio de 2024. Ese liderazgo fue desconocido por el gobierno de Maduro y el gobierno sin Maduro. Pero sigue siendo el liderazgo.
Hay que abrirle cauce a esa demanda ciudadana y adaptarse. Vale decir, hay que sustituir al gobierno interino por otro que sea creíble; que libere de una vez a todos los presos políticos, que permita el inmediato regreso de los venezolanos perseguidos y de quienes quieran volver sin requisito alguno; nombre unas autoridades electorales y fije una fecha prudente para realizar unas elecciones limpias y vigiladas por los participantes y representantes de la comunidad internacional.
Ese ajuste (adaptación) daría carácter legítimo al gobierno de Venezuela y le devolvería la credibilidad que el Rodrigato no ha tenido, no tiene, ni tendrá.
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