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Saludos,
Es natural y hasta
saludable el escepticismo de la ciudadanía hacia lo que se ha prometido que
comenzará el 1ro de agosto y tendrá como pivote a la AN 2015 y unos diputados
del Rodriguismo, bajo la supervisión de la administración estadounidense.
El escepticismo es bueno
si desemboca en acciones: solicitar rendición de cuentas, hacerle seguimiento a
quienes integren la instancia en “representación” de la oposición y evaluar los
resultados de esas gestiones, que no arrancan con buen pie pero que no necesariamente
tienen que terminar mal.
Ahora bien, el
escepticismo no conduce a nada si la respuesta se limita a botar tierrita o
darse la media vuelta y con ello pretender que así desaparecerán las
consecuencias de una iniciativa plenamente respaldada por los Estados Unidos en
el marco de lo que se está desarrollando después del 3 de enero.
Por cierto: los
opositores que se embarcaron en ser diputados del esperpento de la AN 2025 son
los grandes perdedores del proceso anunciado con bombos y platillos por Marcos
Rubio. Con viveza soñaron que serían el centro de gravedad de una lenta
transformación política y terminaron quedando por fuera como la guayabera. De
hecho, si el año que viene hay elección de una nueva Asamblea, uno se imagina
que como no habrá donación de curules sino asignación con base en un
escrutinio, por lo que no llevarán vida en ningún circuito.
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