EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/08/el-progresismo-se-busca-en-montevideo/
En el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo de Uruguay sesionó el tercer Congreso Panamericano del progresismo que convocó a dirigentes de 15 países, desde Canadá, más al norte, hasta Argentina, en el recodo final del continente americano. Más de centenar y medio de hombres y mujeres, por donde intenta dejar sus huellas el nuevo liderazgo de la izquierda, gente como Gabriel Boric, mientras intercambia con figuras veteranas como el colombiano Ernesto Samper y la local Lucía Topolansky, la viuda de José Mujica.
La iniciativa de este Congreso Panamericano nació en Bogotá, en agosto de 2024, cuando el entonces presidente Gustavo Petro reunió a ocho delegaciones del norte, centro y sur de América “para formar una visión común del futuro del hemisferio”. Un año después, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum amplió la convocatoria a 12 delegaciones que se encontraron en Ciudad de México y ahora le tocó el turno a Uruguay, donde gobierna el Frente Amplio, una coalición de partidos de izquierda que volvió al poder con la victoria de Yamandú Orsi, ausente, por cierto, en la inauguración de la conferencia continental.
En los últimos años el progresismo ha perdido terreno y simpatías en América Latina y más arriba. El kirchnerismo fue sacado del poder en Argentina, al igual que Boric en Chile, y aún está fresca la derrota del Pacto Histórico de Petro. En Ecuador, Rafael Correa ha coleccionado fracasos en sus varios intentos de ganar la presidencia para su Revolución Ciudadana. Evo Morales ya no manda en Bolivia. Y da alguna pena (no a todos) reconocer que las tres dictaduras de la región son de signo de izquierda, o lo fueron o nunca lo fueron, según las miradas.
Y en menos de mes y medio Lula da Silva, el líder de izquierda con más recorrido y éxitos, se someterá al escrutinio de las urnas, en una campaña que promete otra contienda dura, reñida e incierta. El mandatario brasileño que no se cansa de librar batallas, siempre astuto, ha combinado su discurso populista con una visión liberal de la economía
La apertura del Congreso Panamericano comenzó como se esperaba: ataques a Donald Trump, a la Doctrina Monroe (o Donroe), a la ultraderecha, al neoliberalismo. Eso que la izquierda llama autocrítica -por ejemplo, sobre sus fracasos reiterados al frente de gobiernos en la región, que ha puesto a multitudes en la acera contraria o en el exilio- no estaba convocada a la sesión, salvo por la intervención de Boric, el expresidente chileno. Una suerte de aguafiestas por ahora con escasa réplica.
Boric, que a los 40 años ya sabe lo que es gobernar en su país, y fracasar también, invitó a dejar las consignas a un lado y formularse preguntas sobre el futuro. “Es necesario este ánimo de compañerismo -matizó-, pero no podemos quedarnos en sobarnos las espaldas ni hundirnos en la queja de lo que está mal. Si nos dedicamos solamente a identificar los problemas y lo malo que es la derecha, vamos a perder una gran oportunidad”.
Los debates del Congreso Panamericano, sin embargo, estuvieron atravesados una y otra vez por la injerencia “brutal” de la política de Trump y la necesidad de una agenda común. Muy poco sobre los errores compartidos cuando los favorecieron las mayorías, que se abrazan a otras agendas y siguen tan desamparadas como siempre.
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