EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/09/los-medios-como-el-enemigo-favorito/
El Nacional sigue tan bloqueado como estaba, o aun más, luego de que Conatel anunciará “el restablecimiento formal del acceso a diversas plataformas y medios de comunicación digitales nacionales e internacionales” el pasado 17 de septiembre. La medida era claramente selectiva al decir “diversas” y no “todas”. Conatel afirma, sin pena alguna, que seguirá “velando permanentemente por el acceso seguro, ordenado y adecuado”. Y ciertamente lo hace a la inversa: 177 dominios continúan bloqueados, 51 son sitios de noticias, según registra Ve sin Filtro, que se dedica a reportar las restricciones de internet desde 2014. El asunto viene de lejos..
Los autonombrados revolucionarios que tomaron el poder en 1998 -cuando el país estaba siempre listo para realizar elecciones presidenciales cada cinco años con fecha en el calendario de conocimiento público- tenían y tienen serios reparos hacia la libertad de expresión y de prensa. La utilizaron, sin embargo, cuando eran oposición y vagaban por el desierto de la indiferencia, porque conocen el poder de la información libre pero luego, ya en el mando, fueron ajustando cuentas con un vasto portafolio de medidas e instrumentos.
El menú fue, pues, variado aunque no al gusto del consumidor, sino todo lo contrario. Presiones impositivas, multas, citaciones judiciales, monopolización del papel para los diarios, leyes restrictivas, estatización de empresas que ayudaban a la financiación de medios con su inversión publicitaria, movilización de colectivos para cercar sedes de medios y amedrentar a directivos y periodistas, descalificaciones frecuentes por el sistema público de medios, cancelación de licencias de emisoras y televisoras, apropiación de equipos y compra compulsiva de diarios y televisoras para dirigir su línea editorial e informativa. Más de 100 periódicos desaparecieron desde 2013. La operación del régimen requiere silencio.
Pero aún así, de una estrategia jamás intentada ni en las peores dictaduras que precedieron a la actual y más malvada, pudieron vencer la resistencia de medios y periodistas, que pagaron caro su osadía. Una veintena de profesionales de la información estaban en la cárcel cuando ocurrieron los hechos del 3 de enero: “el estrangulamiento de la vida interna del país”, como lo identificó Delcy Rodríguez en su discurso ante Naciones Unidas. Se puede rescatar el término "estrangulamiento" para identificar la forma del crimen mediático cometido en el país.
El Nacional ha sido blanco desde 2015, al menos, de la mayoría de herramientas a disposición del poder para acallar la disidencia informativa: las voces de los venezolanos, en definitiva. “Fue todo un proceso de silenciamiento, de represión contra el medio, que empezó por el suministro de papel prensa. Ellos hicieron que fuera imposible el suministro de papel prensa y, por supuesto, eso hizo que nosotros elimináramos el impreso”, declaró Miguel Henrique Otero, presidente editor de El Nacional, exiliado en Madrid. Al diario, como se sabe, le arrebataron hasta su sede en Los Cortijos e, incluso, la casa familiar de la esposa de Otero.
Tras el cese de su edición impresa el 14 de diciembre de 2018, El Nacional trasladó su operación a internet, donde comenzó una nueva etapa marcada por los bloqueos. “Como el periódico pasó a ser una plataforma web, decidieron bloquear todas las plataformas web de periodismo independiente”, afirma Otero. Más de cincuenta sitios de información, recordamos, siguen bloqueados. Conatel no tiene prisa, como tampoco la hay para liberar a todos los presos políticos.
La medida de desbloquear algunos portales coincidió con la decisión de la mesa de diálogo político entre el oficialismo y un sector de la oposición de crear otra mesa técnica para la libertad de expresión, pluralidad de pensamiento y derecho a la información. Es decir, sobre lo que ha sido censurado y castigado por años. Se esperan sus primeras decisiones, luego de un período de consultas que los integrantes de esa mesa realizarán con sectores sociales. Sin libertad de expresión y de prensa no hay democracia ni respira la sociedad.
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