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Saludos,
¿Son compatibles los intereses económicos de los Estados Unidos con la causa de la democracia en Venezuela? Quisiéramos responder con un rotundo “sí”, pero luego vemos las fotos del acto de la interina con el embajador Barrett y Alejandro Betancourt, y debemos decir “ciertas condiciones aplican”.
Afirmar que Estados Unidos tiene intereses específicos y nítidos puede ser una generalización inconducente. Hay, en realidad, intereses empresariales y de actores políticos muy diversos en ese país, incluso antagónicos dentro de la misma administración del presidente Trump. ¿Son contrarios a los nuestros? No necesariamente, pueden coincidir, pero sí son distintos.
Hoy hay una creciente discusión pública entre dos posturas sobre el orden de los factores:
Por una parte, la de quienes creen que la democratización está en la ruta crítica para poder abrirle campo a las inversiones y el desarrollo económico, versus
Quienes creen que deben asegurarse primero cierta recuperación económica e instituciones para luego abrirle paso a la democracia y garantizar que el gobierno que resulte electo no sea derrocado a las primeras de cambio.
Cada postura tiene un repertorio de argumentos y de ejemplos históricos, a favor y en contra. Pero mientras discutimos qué fue primero, si el huevo o la gallina, mientras decidimos si presionar con más ahínco por una fecha o esperar a que haya condiciones ideales, corremos el riesgo de que situaciones y arreglos inconvenientes se tornen irreversibles y se conviertan en una carga muy pesada para la democracia por venir.
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