Monday, March 4, 2013

La gasolina más cara del mundo

En: http://www.eluniversal.com/opinion/130304/la-gasolina-mas-cara-del-mundo

ANGEL GARCÍA BANCHS |  EL UNIVERSAL
lunes 4 de marzo de 2013  12:00 AM
Venezuela tiene la gasolina más cara del mundo porque son los pobres, y los sin carros, quienes terminan pagando en nuestro país por el más regresivo subsidio del planeta, cuando el dinero que podría ir a financiar una infraestructura física y social de primera, una educación y salud de primer mundo que en verdad saque a los pobres de la pobreza, termina destinado a abaratar la gasolina de los ricos y los sectores de ingresos medios, quienes pagamos menos del costo de una botella de agua para llenar nuestros tanques, a expensas del empobrecimiento de los más humildes.

Un nuevo gobierno deberá eliminar gradualmente el subsidio (en 5 años podría hacerse a un bajo costo político), pero el actual, simplemente, carece de reserva moral para hacerlo, mientras siga regalando parte importante de nuestra renta petrolera a Cuba, Petrocaribe, y el resto de los vecinos.

El consumo y contrabando de petróleo en Venezuela alcanza unos 700 mil barriles al día, que a la tasa de cambio vigente de 6,3Bs/$ se venden internamente a unos 2,5US$/barril; lo anterior, a pesar de que: (i) un barril producido en Venezuela cuesta unos 15US$, cuando se incluye una tasa de depreciación y ganancia normal que permite la reinversión (lo que da un diferencia aproximada de 12,5US$/barril –visión de costo de producción); (ii) un barril se vende en la actualidad en unos 105,0US$ en los mercados internacionales (lo que da una diferencia de unos 102,5US$/barril –visión de costo de oportunidad); y, (iii) un barril después de impuestos se vende en 178,5US$ en una estación en Colombia, (lo que da una diferencia de unos 176,0US$/barril –visión de costo total más impuestos).

Bajo la visión de costo de producción, el subsidio es 3,2 mil millones de dólares al año; bajo la del costo de oportunidad de venderla en el exterior 26,2 mil millones de dólares; y bajo la visión de costo total más impuestos unos 45,0 mil millones de dólares al año; digamos, un 1%, 9%, y 16% del PIB, respectivamente; y para mí, la correcta es la última, porque la primera no toma en cuenta el costo de oportunidad de vender la gasolina a precios internacionales y la segunda el costo ambiental de su consumo en exceso (precisamente, el rol de los impuestos es tratar de internalizar este último costo).

En todo caso, representa todo el dinero del mundo, un dinero que podría ir a financiar una educación y salud de primera, y que podría proveer a los más pobres de bienes públicos, suficientes para superar la pobreza.

¡Ya basta de engaños! Basta con ver la pobreza, delincuencia y descomposición del país. Tenemos la gasolina más cara del mundo. Un nuevo gobierno con carácter moral y la confianza del público debería acabar con tan obsceno subsidio.

PDVSA y sus deudas

En: http://www.eluniversal.com/opinion/130304/pdvsa-y-sus-deudas
 
LUIS OLIVEROS B. |  EL UNIVERSAL
lunes 4 de marzo de 2013  12:00 AM
Por estas fechas se ha hecho costumbre que Pdvsa publique sus cifras de deuda financiera. Para este 2012 Pdvsa está reportando $40.026 millones de deuda financiera, mientras que en el año 2011 el número fue de $34.892 millones, lo que significa un incremento del 15%. Y ya en estos dos primeros meses del año 2013 debemos sumarle unos $5.000 millones de nuevo endeudamiento, producto de los préstamos con Chevron y China. Para este año Pdvsa enfrenta un solo vencimiento importante en divisas, por $1.145 millones. Por lo que podríamos pensar que en neto el endeudamiento de Pdvsa (suponiendo que el endeudamiento en bolívares se mantendría), ya apunta para este 2013 a una cifra superior a los $45 millardos (si ese préstamo con China se le anota a Pdvsa, porque al parecer no iría ningún fondo manejado por el Bandes).

Al leer las deudas de Pdvsa, tenemos que tanto el Banco del Tesoro (Bs.1 millardo) como Banco de Venezuela (aprox. Bs.13 millardos) le prestan a Pdvsa a 9,5%, una tasa inferior a la tasa pasiva. Adicionalmente hay que tener presente que Pdvsa hoy le debe al BCV cerca de Bs. 165.000 millones (monto que equivale a casi un 1% del PIB).

Sin embargo esos $40.026 millones de deuda financiera no son los únicos pasivos importantes que tiene Pdvsa, ya que debemos agregar cerca de $15.000 millones en cuentas por pagar, $7.000 millones con contratistas, y deudas con socios cercanas a los $4.000. Adicionalmente debemos recordar que las nacionalizaciones (que pueden estar cercanas a los $14.000 millones) el Gobierno "se las endosa" a Pdvsa para que las cancele.

¿Ese nivel de deuda financiera es preocupante?, veamos algunos datos: en 1998 la deuda financiera de Pdvsa era $7.100 millones (hoy es casi 6 veces más), mientras que en el año 2006 esa deuda financiera totalizó apenas $2.900 millones, cifra que si bien es cierto representa casi un 60% menos de lo alcanzado en 1998, también nos dice que en 6 años ésta se multiplicó por 14.

Algunos datos adicionales: de la deuda total de Pdvsa el 4,3% le corresponde a Citgo; el 85% de la deuda de Pdvsa es en dólares u otra divisa, mientras que el restante 15% ($6.104 millones) es en bolívares. Importante tener presente que la devaluación no solo le mejorará su flujo de caja en bolívares (más ingresos a la hora de cambiar sus ventas en dólares a bolívares) y en divisas (menos dólares que vender para pagar compromisos en bolívares), sino que le licua esa parte de su deuda en bolívares.

Menor producción, más nómina, más deuda, empeoramiento de sus índices financieros, más actividades no-petroleras, más accidentes = un futuro incierto. Ese es el panorama actual de Pdvsa, la cual solo la ayuda un precio promedio superior a $100/b en los últimos años y una opacidad en sus cifras que no permiten sacar otras deficiencias. El cambio en la ley de precios exorbitantes y una disminución en las divisas que entrega al Fonden son oasis en un desierto que aún necesita más ayuda.

Los países no se suicidan

En: Recibido por email

Editorial de www.analítica.com


Es hora de entender que nadie, por si solo, tiene la clave para resolver esta situación. Ni el gobierno, ni la oposición pueden hacerlo sin un vasto acuerdo nacional en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional
La crisis que afecta hoy en día a la sociedad venezolana tiene múltiples causas pero tal vez la más inmediata ha sido una errónea concepción de cómo enfrentar la desigualdad económica y social en un petro-estado. Los militares que tomaron el poder encabezados por Chávez a finales del siglo pasado no tenían una ideología clara que les diera luces para resolver los problemas que según ellos aquejaban a la sociedad venezolana. A lo sumo se cobijaban bajo una amalgama ideológicamente incompatible como lo era el árbol de las tres raíces, ya que nada en común tenían las ideas del aristócrata centralizador Simón Bolívar con las del federalista Zamora.

Para resolver esa falta de sustancia Chávez recibió oxigeno ideológico por parte de activistas de la izquierda derrotada en los años sesenta quienes vieron en el joven teniente coronel una oportunidad histórica de desquitarse de la derrota que les habían propiciado Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Por el otro lado ,la dirigencia democrática del país tampoco tenía claro cual era el rumbo a seguir para superar la crisis. No hubo el diálogo ni la voluntad necesarios para enfrentar de manera radical los cambios inevitables que permitieran evolucionar positivamente hacia otro tipo de sociedad.

Hoy estamos en un estado de anomia y de anarquía, los lazos societarios están severamente afectados y vivimos virtualmente una situación de sálvese quien pueda. La violencia desmesurada, el irrespeto absoluto a las normas de conducta, la incapacidad manifiesta para resolver las necesidades básicas de la población son una combinación explosiva que si no se enfrenta con la debida sindéresis nos puede conducir a una salida trágica tanto para tirios como troyanos.

Es hora de entender que nadie, por si solo, tiene la clave para resolver esta situación. Ni el gobierno, ni la oposición pueden hacerlo sin un vasto acuerdo nacional en el que se permita sentar las bases de un gran esfuerzo de reconstrucción nacional. Para lograrlo se requiere liderazgo, inteligencia y tolerancia, elementos que parecen escasear en estos tiempos confusos, aunque no dudamos que aparecerán porque los países no tienen vocación de suicidas.

El hombre que estorbaba

En: http://elpais.com/elpais/2013/02/21/opinion/1361447726_090824.html

Mario Vargas Llosa

No sé por qué ha sorprendido tanto la abdicación de Benedicto XVI; aunque excepcional, no era imprevisible. Bastaba verlo, frágil y como extraviado en medio de esas multitudes en las que su función lo obligaba a sumergirse, haciendo esfuerzos sobrehumanos para parecer el protagonista de esos espectáculos obviamente írritos a su temperamento y vocación. A diferencia de su predecesor, Juan Pablo II, que se movía como pez en el agua entre esas masas de creyentes y curiosos que congrega el Papa en todas sus apariciones, Benedicto XVI parecía totalmente ajeno a esos fastos gregarios que constituyen tareas imprescindibles del Pontífice en la actualidad. Así se comprende mejor su resistencia a aceptar la silla de San Pedro que le fue impuesta por el cónclave hace ocho años y a la que, como se sabe ahora, nunca aspiró. Sólo abandonan el poder absoluto, con la facilidad con que él acaba de hacerlo, aquellas rarezas que, en vez de codiciarlo, desprecian el poder.
No era un hombre carismático ni de tribuna, como Karol Wojtyla, el Papa polaco. Era un hombre de biblioteca y de cátedra, de reflexión y de estudio, seguramente uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que ha tenido en toda su historia la Iglesia católica. En una época en que las ideas y las razones importan mucho menos que las imágenes y los gestos, Joseph Ratzinger era ya un anacronismo, pues pertenecía a lo más conspicuo de una especie en extinción: el intelectual. Reflexionaba con hondura y originalidad, apoyado en una enorme información teológica, filosófica, histórica y literaria, adquirida en la decena de lenguas clásicas y modernas que dominaba, entre ellas el latín, el griego y el hebreo.
Le ha tocado uno de los períodos más difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de historia.
Aunque concebidos siempre dentro de la ortodoxia cristiana pero con un criterio muy amplio, sus libros y encíclicas desbordaban a menudo lo estrictamente dogmático y contenían novedosas y audaces reflexiones sobre los problemas morales, culturales y existenciales de nuestro tiempo que lectores no creyentes podían leer con provecho y a menudo —a mí me ha ocurrido— turbación. Sus tres volúmenes dedicados a Jesús de Nazaret, su pequeña autobiografía y sus tres encíclicas —sobre todo la segunda, Spe Salvi, de 2007, dedicada a analizar la naturaleza bifronte de la ciencia que puede enriquecer de manera extraordinaria la vida humana pero también destruirla y degradarla—, tienen un vigor dialéctico y una elegancia expositiva que destacan nítidamente entre los textos convencionales y redundantes, escritos para convencidos, que suele producir el Vaticano desde hace mucho tiempo.
A Benedicto XVI le ha tocado uno de los períodos más difíciles que ha enfrentado el cristianismo en sus más de dos mil años de historia. La secularización de la sociedad avanza a gran velocidad, sobre todo en Occidente, ciudadela de la Iglesia hasta hace relativamente pocos decenios. Este proceso se ha agravado con los grandes escándalos de pedofilia en que están comprometidos centenares de sacerdotes católicos y a los que parte de la jerarquía protegió o trató de ocultar y que siguen revelándose por doquier, así como con las acusaciones de blanqueo de capitales y de corrupción que afectan al banco del Vaticano.
El robo de documentos perpetrado por Paolo Gabriele, el propio mayordomo y hombre de confianza del Papa, sacó a la luz las luchas despiadadas, las intrigas y turbios enredos de facciones y dignatarios en el seno de la curia de Roma enemistados por razón del poder. Nadie puede negar que Benedicto XVI trató de responder a estos descomunales desafíos con valentía y decisión, aunque sin éxito. En todos sus intentos fracasó, porque la cultura y la inteligencia no son suficientes para orientarse en el dédalo de la política terrenal, y enfrentar el maquiavelismo de los intereses creados y los poderes fácticos en el seno de la Iglesia, otra de las enseñanzas que han sacado a la luz esos ocho años de pontificado de Benedicto XVI, al que, con justicia, L’Osservatore Romano describió como “un pastor rodeado por lobos”.
Los esfuerzos por poner fin a las acusaciones de blanqueo de capitales y otros delitos del  banco del Vaticano tampoco han tenido éxito
Pero hay que reconocer que gracias a él por fin recibió un castigo oficial en el seno de la Iglesia el reverendo Marcial Maciel Degollado, el mejicano de prontuario satánico, y fue declarada en reorganización la congregación fundada por él, la Legión de Cristo, que hasta entonces había merecido apoyos vergonzosos en la más alta jerarquía vaticana. Benedicto XVI fue el primer Papa en pedir perdón por los abusos sexuales en colegios y seminarios católicos, en reunirse con asociaciones de víctimas y en convocar la primera conferencia eclesiástica dedicada a recibir el testimonio de los propios vejados y de establecer normas y reglamentos que evitaran la repetición en el futuro de semejantes iniquidades. Pero también es cierto que nada de esto ha sido suficiente para borrar el desprestigio que ello ha traído a la institución, pues constantemente siguen apareciendo inquietantes señales de que, pese a aquellas directivas dadas por él, en muchas partes todavía los esfuerzos de las autoridades de la Iglesia se orientan más a proteger o disimular las fechorías de pedofilia que se cometen que a denunciarlas y castigarlas.
Tampoco parecen haber tenido mucho éxito los esfuerzos de Benedicto XVI por poner fin a las acusaciones de blanqueo de capitales y tráficos delictuosos del banco del Vaticano. La expulsión del presidente de la institución, Ettore Gotti Tedeschi, cercano al Opus Dei y protegido del cardenal Tarcisio Bertone, por “irregularidades de su gestión”, promovida por el Papa, así como su reemplazo por el barón Ernst von Freyberg, ocurren demasiado tarde para atajar los procesos judiciales y las investigaciones policiales en marcha relacionadas, al parecer, con operaciones mercantiles ilícitas y tráficos que ascenderían a astronómicas cantidades de dinero, asunto que sólo puede seguir erosionando la imagen pública de la Iglesia y confirmando que en su seno lo terrenal prevalece a veces sobre lo espiritual y en el sentido más innoble de la palabra.
Joseph Ratzinger había pertenecido al sector más bien progresista de la Iglesia durante el Concilio Vaticano II, en el que fue asesor del cardenal Frings y donde defendió la necesidad de un “debate abierto” sobre todos los temas, pero luego se fue alineando cada vez más con el ala conservadora, y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) fue un adversario resuelto de la Teología de la Liberación y de toda forma de concesión en temas como la ordenación de mujeres, el aborto, el matrimonio homosexual e, incluso, el uso de preservativos que, en algún momento de su pasado, había llegado a considerar admisible.
Sus ideas, alineadas con el ala más conservadora, hacían de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha convertido la Iglesia
Esto, desde luego, hacía de él un anacronismo dentro del anacronismo en que se ha ido convirtiendo la Iglesia. Pero sus razones no eran tontas ni superficiales y quienes las rechazamos, tenemos que tratar de entenderlas por extemporáneas que nos parezcan. Estaba convencido que si la Iglesia católica comenzaba abriéndose a las reformas de la modernidad su desintegración sería irreversible y, en vez de abrazar su época, entraría en un proceso de anarquía y dislocación internas capaz de transformarla en un archipiélago de sectas enfrentadas unas con otras, algo semejante a esas iglesias evangélicas, algunas circenses, con las que el catolicismo compite cada vez más –y no con mucho éxito— en los sectores más deprimidos y marginales del Tercer Mundo. La única forma de impedir, a su juicio, que el riquísimo patrimonio intelectual, teológico y artístico fecundado por el cristianismo se desbaratara en un aquelarre revisionista y una feria de disputas ideológicas, era preservando el denominador común de la tradición y del dogma, aun si ello significaba que la familia católica se fuera reduciendo y marginando cada vez más en un mundo devastado por el materialismo, la codicia y el relativismo moral.
Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia: la de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos, bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización.
La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas.

Sunday, March 3, 2013

La ausencia indefinida

En: http://www.eluniversal.com/opinion/130303/la-ausencia-indefinida

EDITORIAL

EL UNIVERSAL
domingo 3 de marzo de 2013  10:32 AM
Desde el año pasado la salud de Chávez y la posibilidad de que no pudiera asumir el 10 de enero, día en que le correspondía tomar juramento para un nuevo mandato, el tema jurídico y las vías  constitucionales para resolver la complicada coyuntura subieron a la cima del debate público. No obstante, el primer escenario ya fue resuelto por el Tribunal Supremo de Justicia, de manera poco ortodoxa, declarando la continuidad administrativa. Es decir, Chávez gobernaba, luego Chávez debe seguir gobernando.

En este momento quedan dos opciones, en principio. Primero, si se trata de una falta temporal y, conforme al artículo 234 de la Constitución, las faltas temporales del Presidente son suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo hasta por 90 días, prorrogables por otros 90 días, por decisión de la Asamblea Nacional.

Segundo, en el caso de una ausencia absoluta, según el artículo 233 de la Constitución, conforme al cual, cuando la falta absoluta del Presidente  se produzca antes de cumplir los primeros cuatro años de mandato, se debe encargar de la primera magistratura al Presidente de la Asamblea Nacional, hasta que se proceda a la elección de un nuevo presidente, dentro de los treinta días consecutivos siguientes.

Pero hay una realidad paralela a lo jurídico que impone un paso diferente. El Presidente va para tres meses sin aparecer públicamente y la vida pública nacional se desarrolla en medio de un juego comunicacional en el que la figura del jefe de Estado se ha reducido a una historia, a una narración, a un momento descrito por sus colaboradores. Nada de contacto directo y menos de comunicación directa con los ciudadanos.

Como se dijo antes, el Tribunal Supremo de Justicia decidió continuar el mandato de Hugo Chávez, manteniendo un precario hilo constitucional. No obstante, alargar esta extraña figura pudiera llevar a otra situación más polémica todavía: la ausencia indefinida, a todas luces un estado anormal y definitivamente inconstitucional que no es sostenible en el tiempo y, a la larga, con profundo impacto internacional.

Kardashian, Hilton y las Chávez

En: http://www.lapatilla.com/site/2013/03/02/gustavo-tovar-arroyo-kardashian-hilton-y-las-chavez/

Gustavo Tovar Arroyo

Pocos venezolanos escriben desde el abatimiento; yo lo hago. Es tan desconsoladora la humillación que estamos sobrellevando en Venezuela, tan irritante y despiadada, que, ante la el bochorno y la incapacidad de respuesta, nos estremecemos de angustia, sufrimos.
Lo humano, lo demasiado humano, es desgarrar nuestro dolor por nuestra nación, y sí: sufrir; y sí: enfurecernos; y sí: mentar madres de la impotencia.
Me sorprende como algunos sobrellevan este desmadre con moderación y hasta equilibrio. ¿Cómo carajo hacen ante esta agonía? ¿Estarán percatándose del mismo absurdo que yo?
Pese a la confusión y al agobio, siempre, no sé cómo, nos reponemos y postulamos nuevo retos, no nos rendimos, seguimos bregando en esta lucha sin cuartel que es la despelotada autocracia chavista.
Un Venezuela cívica, imperfecta, pero digna y decente, sigue luchando. No descansa, lucha, siempre lucha, no ha dejado de hacerlo ni un instante, mantiene viva su fe, no se doblega: resiste. Ha resistido de manera humanista y no violenta durante casi 15 años. Cada vez que observo tanta convicción y optimismo entiendo que es imposible que la podredumbre del chavismo la derrote.
La Venezuela de la dignidad prevalecerá. Su juventud es su principal fortaleza. Juventud que ha cumplido un rol fundamental de centinela rebelde y ha obligado a toda la sociedad a permanecer despierta, alerta, viva. Son la reserva moral y espiritual de una nación que ha sido violada salvajemente por la manada de hienas chavistas.
Uno se pregunta: ¿por qué nos es tan desconsolador y humillante este drama? ¿Por qué nos abate? Obviamente, tenemos amigos asesinados, presos, perseguidos, enfermos, exiliados, nosotros mismos hemos sido víctimas de los disparos, las confiscaciones, los insultos, los golpes, las amenazas de muerte, en fin, toda esa barbarie chavista instalada en nuestro país desde el 4 de febrero de 1992 cuando Chávez inició su criminal delirio asesinando por la espalda a sus “compañeros” (lo escribo cada vez que puedo, no quiero que nadie olvide cómo comenzó esta farsa).
Pero no sólo nos estremecen y afligen las formas dictatoriales que se han usado para conservar el poder y sus abusos, hay algo que probablemente nos altera tanto o más que la autocracia, algo que nos desarma de la impotencia y, hay que reconocerlo, nos arruina moralmente: la vergonzosa, inaudita y mentirosa comedia que llaman “revolución”.
En Venezuela, en el sentido histórico de la palabra, no ha ocurrido ninguna revolución, si acaso, una revuelta: vuelta al pasado, despelote, anarquía. Nadie en su sano juicio podría observar un cambio social relevante en nuestro país, ni para bien ni para mal. Lo que hay es un frenético caos.
Lo que hemos presenciado -y padecido- es un enredo colosal, donde un Mesías tropical ha saqueado al país para complacer su delirio criminal y su rebuzne comunista.
Suele ocurrir que la vulgaridad y el mal gusto florecen cuando se tiene un poder sin límites. Ghadafi, Kim Jong-un, Mugabe, Idi Amin, Chávez y sus familias son dignos ejemplos de ello. De la pobreza casi lastimera, una vez que llegan al poder, saltan a la más perversa y cursi opulencia. Embebidos en el poder y el lujo, son incapaces de percatarse de la ridiculez con que exponen su riqueza.
No se me mal entienda, no soy enemigo del placer ni de la prosperidad hedonista. La disfruto y celebro cuando es producto del esfuerzo personal y del trabajo. ¿Podríamos asumir que la superabundancia nueva rica de Chávez fue producto de su esfuerzo empresarial o del trabajo?
En Venezuela -quién lo duda-, el sátrapa Hugo Chávez Frías es el hombre más ricachón y corrupto que hemos conocido desde nuestra Independencia. Ni Falcón, ni Guzmán Blanco, ni Gómez, mucho menos Carlos Andrés Pérez, se le comparan. Nadie lo supera. Su nuevo riquismo estridente, el despilfarro obsceno de nuestros recursos, el peculado, la malversación y el robo descarado han signado esta farsa que cómicamente quieren llamar “revolución”.
El cinismo ha alcanzado niveles estratosféricos cuando de lujo y riqueza mal habida se trata. Lo inaudito es que no tienen ningún reparo en ocultarlo. El descaro es absoluto y nos muestra un desprecio al pueblo venezolano no sólo vergonzoso, sino traidor.
Dicen que el dinero no se puede ocultar, mucho menos el mal habido. En el caso del chavismo no es que no se puede ocultar, salpica su pestilencia y podredumbre. Los chavistas llegaron muy humildes al poder, escualiditos, desaliñados y sudorosos, hoy son una competencia de regordetes -y regordetas- multimillonarios, travestidos y emperifollados.
El Ché Guevara vomitaría del asco y, con la vehemencia asesina que lo caracterizaba, los habría fusilado a todos por hipócritas.
Esta semana circularon unas escandalosas fotos de las hijas de Chávez por Internet. Es obvio que fue Maduro o Cabello -cualquiera que tenga ascendencia en el Sebin, incuestionablemente los facilitadores de esta infamia-, quien puso en circulación estas estampas con el maquiavélico fin de destruir la imagen de la familia Chávez frente a la opinión pública y desterrarlos del poder. Ante la caída final del “líder máximo” su familia es un estorbo, así ha funcionado siempre.
Pero al margen de esta previsible traición (son una hambrienta manada de hienas, no lo olviden), uno quedó estupefacto con las imágenes. Lo que era un secreto a voces: el cinismo pseudo revolucionario y comunista del chavismo, las hipócritas consignas en contra de los ricos y la burguesía, y el descaro torpe de su escandalosa corrupción, fueron presentados de manera desgarradora e inobjetable.
Hay un afán casi patológico en los círculos más frívolos de la burguesía, una extravagante tara por liberarse de la pesada vulgaridad que corrompe sus almas: mostrar su regordeta o flácida desnudez.
Las hermanas Kardashian y las Hilton son el símbolo universal de esto, aunque no tan regordetas ni flácidas cabe acotar. Admiradas mundialmente por desafiar los límites de la superficialidad consumista y el desenfreno, dueñas del mundo, signatarias de una brutalidad intelectual mas no comercial, las reinas pop de la vagancia y el escándalo encontraron en Venezuela su versión tropical y comunista: las Chávez.
¿Hay alguna diferencia entre los escándalos mediáticos causados por las Kardashian y las Hilton con lo que ahora nos presentó el Sebin sobre las Chávez?
Claro que la hay. Las Kardashian y las Hilton son capitalistas multimillonarias que causan sus escándalos con sus propios recursos (o los de su familia) y las Chávez causan el suyo con el capital (dinero) de todos los venezolanos, producto de la corrupción y el peculado de apropiación o de uso.
¿Cómo carajo no derrumbarnos, afligirnos, abatirnos ante semejante vergüenza? Es imposible. Sin embargo, debemos reponernos y seguir, nuestra Venezuela lo amerita.
Cierro con una postdata aclaratoria. Chávez y sus hienas han amenazado con asesinarme. No tengo balas para defenderme, ni sabría hacerlo (no soy pistolero como él o sus secuaces). Uso la palabra y la crítica como mis únicos trabucos, sin embargo en este caso no es necesario. Si Chávez despertase de su enigmático letargo, no habría sido yo quien desnudase la vulgaridad de su alma ni su farsa revolucionaria: habría sido la opulencia cínica y capitalista de su propia familia.
En todo caso, disparen, la dignidad ni sangra ni muere, la Venezuela de la resistencia espiritual lo ha probado de sobra.
Aquí estamos, seguimos…

Presenten a Chávez vivo o muerto

En: http://www.lapatilla.com/site/2013/03/03/carlos-alberto-montaner-presenten-a-chavez-vivo-o-muerto/

Carlos Alberto Montaner

El exembajador de Panamá ante la OEA, el Dr. Guillermo Cochez, una persona generalmente muy bien informada, afirma que Hugo Chávez, presidente de Venezuela, realmente murió hace unos días y reta al gobierno de ese país a que lo desmienta. ¿Cómo? De la única manera creíble: presentando al enfermo o, en su defecto, al cadáver.
Hasta ahora, los portavoces del chavismo –el ministro Ernesto Villegas, el vicepresidente Nicolás Maduro, el diputado Diosdado Cabello—han dicho cosas contradictorias, pero comienzan a dosificar malas noticias sobre la salud de Chávez, como si prepararan a la opinión pública para comunicarle el fatal desenlace anunciado por Cochez.
Era un predecible crescendo. Si, efectivamente, Chávez ha muerto, tienen que notificarlo de esa manera, porque, hasta ahora, han jugado con el embuste de que el teniente coronel se estaba curando progresivamente. Falsedad a la que el propio Fidel Castro le prestó su ya mínima credibilidad, asegurando, públicamente, que el líder bolivariano estaba en proceso de recuperación, mentira que no pueden deshacer tajantemente, sino poco a poco, para no desacreditar aún más a quienes engañaron a los venezolanos y a la opinión pública de una forma tan cruel y descarada.
¿Cuándo ocurrirá esto? El problema parece estar en el carácter ilegítimo de Nicolás Maduro. Si la información transmitida por Cochez es verídica, Chávez murió sin jurar su cargo de presidente, de manera que Maduro nunca pudo ser designado vicepresidente y ocupa esa posición de manera fraudulenta, lo que constituye un flagrante delito descrito en el artículo 214 del código penal venezolano castigado con pena de cárcel: usurpación de funciones públicas.
¿Quiénes saben lo que realmente sucede en la cúpula chavista? Sin duda, demasiadas personas para que el secreto no se conozca a corto plazo: los Castro y otra veintena de cubanos, incluido el personal médico que lo atendió en La Habana, donde aparentemente se produjo la muerte cerebral; la familia de Chávez (hijas, hermanos, padres, exesposas); la dirigencia del chavismo, los ex vicepresidentes Elías Jaua y José Vicente Rangel –un viejo estalinista con fama de imprudente–, y una docena de militares venezolanos de alto rango que ven lo que sucede con cierto nerviosismo producto de la incertidumbre.
En total, más de un centenar de personas conocen exactamente lo que sucede, sin contar los principales servicios de inteligencia del mundo: Estados Unidos, Rusia, Israel, e incluso China, que se juega miles de millones de dólares en el destino de Venezuela y, por si acaso se produce una situación caótica, le ha secado las fuentes de financiamiento.
Todos estos servicios tienen la capacidad de interferir y escuchar llamadas telefónicas, entrar en los correos electrónicos y descifrar los mensajes “encriptados” que se transmiten los gobiernos. Todos ellos, además, cuentan con colaboradores situados en las inmediaciones del poder que les dan informaciones más o menos fidedignas.
El chavismo, en fin, por su enfermiza voluntad de acaparar el poder a cualquier precio, se ha colocado en esta situación desesperada. ¿Qué puede hacer? Lo honorable, si Chávez murió, es que sus dirigentes no continúen engañando al pueblo venezolano, incluidos los propios chavistas, y digan exactamente la verdad: cuándo y cómo el presidente llegó al final de su vida.
A partir de ahí, está la Constitución, la “bicha” tan querida por Chávez, con sus definidos procedimientos legales para enfrentarse a esta circunstancia, recurriendo a los métodos democráticos sin necesidad de que surja un estallido de violencia.
De acuerdo con ella, el fraudulento señor Maduro debe apartarse del poder –aunque lo elijan como candidato del chavismo–, mientras Diosdado Cabello asume la presidencia y convoca a elecciones en un plazo de treinta días.
Naturalmente, también, como han hecho hasta ahora, los dirigentes chavistas pueden continuar enredándose en sus mentiras, inventándose una juramentación post mortem de Chávez, y una falsa designación de Maduro, pero todo lo que lograrían con esa conducta sería fatigar aún más a la opinión pública venezolana, a estas alturas asqueada de que le tomen el pelo como si esa sociedad estuviera compuesta por idiotas y oligofrénicos.
En todo caso, lo fundamental es lo que dijo el exembajador Cochez: que presenten el cuerpo de Chávez. Vivo o muerto, pero que lo presenten.