Tuesday, November 1, 2016

Los planes de un Gobierno Clinton

EN: Recibido por email


No basta con derrotar a Trump; la candidata demócrata
necesitará de un Congreso favorable a su ambiciosa agenda

Paul Krugman
El País
Octubre 160, 2016
http://economia.elpais.com/economia/2016/10/14/actualidad/1476455099_409179.html

Esto todavía está lejos de acabarse, pero, como dicen los analistas
especializados en temas de información secreta, es muy probable que
Hillary Clinton gane estas elecciones. Los modelos basados en sondeos
situaban sus opciones en torno al 90 % a principios de esta semana (y
eso, antes de que la campaña se volviese no apta para menores).
Pero ¿qué será capaz de lograr realmente nuestra primera mujer
presidenta? Eso depende de lo grande que sea la victoria que obtenga.
No me refiero a la magnitud de su “misión”, que no significa nada: a
juzgar por los años de gobierno de Obama, los republicanos se
opondrán a todo lo que Clinton proponga, por muy derrotados que
salgan. La pregunta, más bien, es qué pasará con el Congreso.
Piensen, primero, en las consecuencias de una victoria por la mínima:
Clinton se convierte en presidenta, pero los republicanos se aferran a
ambas cámaras del Congreso. Una victoria así no sería insignificante.
Evitaría la pesadilla de una presidencia de Trump y también bloquearía
el programa radical de privatización y bajada de impuestos que Paul
Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, ha dejado claro
que impondrá si Trump se las arregla para ganar. Pero dejaría poco
margen para acciones positivas.
Las cosas serían muy distintas si los demócratas reconquistaran el
Senado. Según los modelos basados en sondeos, la probabilidad de que
eso ocurra es de solo el 50 %, pero quienes apuestan sobre las
elecciones les dan muchas más posibilidades, dos o tres contra uno.
Ahora bien, ni siquiera un Senado demócrata posibilitaría que Clinton
aprobase leyes si en la Cámara se topa con una mayoría republicana de
un obstruccionismo implacable. No obstante, le permitiría colocar a
alguien en el puesto del Tribunal Supremo que quedó vacante tras la
muerte de Antonin Scalia.
Esto tendría enormes consecuencias, en especial para la política
ambiental. Durante sus últimos años en el cargo, el presidente Obama
ha dado un gran impulso a las medidas medioambientales recurriendo
a sus poderes normativos; por ejemplo, haciendo mucho más estrictas
las normas de emisiones de los camiones pesados. Pero la pieza más
importante de su programa —el Plan de Energía Limpia, que reduciría
en gran medida las emisiones de gases de efecto invernadero de las
centrales eléctricas que funcionan con carbón— está parada
actualmente, a causa de una suspensión impuesta por el Tribunal
Supremo. La conquista demócrata del Senado eliminaría ese obstáculo.
Y tengan presente que el cambio climático es, con creces, el problema
más importante al que se enfrentan Estados Unidos y el mundo,
aunque por alguna razón, la gente que escoge las preguntas de los
debates presidenciales se niegue a sacarlo a colación. Dicho de forma
bastante simple: si los demócratas conquistan el Senado, tal vez
tomemos las medidas mínimas necesarias para evitar una catástrofe; si
no lo logran, no las tomaremos. ¿Y qué hay de la Cámara de
Representantes? Todos, y subrayo lo de todos, los logros legislativos del
Gobierno de Obama tuvieron lugar durante el periodo de dos años en el
que los demócratas controlaron las dos cámaras del Congreso. ¿Puede
volver a suceder?
Hasta hace unos días, la probabilidad de que la Cámara cambiase de
manos parecía baja, aun cuando, como ahora parece casi seguro, los
candidatos demócratas obtengan en total más votos que los
republicanos. Ello se debe, en parte, a que los gobiernos estatales
controlados por el Partido Republicano han emprendido una campaña
de manipulación de las circunscripciones generalizada y, en parte, a
que las minorías, que votan mayoritariamente al Partido Demócrata, se
encuentran agrupadas en un número relativamente pequeño de
distritos urbanos.
Pero una victoria de Clinton lo bastante amplia podría cambiar la
situación, sobre todo si las mujeres de clase acomodada dan la espalda
a un Partido Republicano que se ha convertido en el partido de los
sobones. Y eso permitiría a Clinton sacar adelante un programa mucho
más ambicioso. En qué consistiría ese programa no tiene mucho
misterio. No sé por qué hay tantos expertos que afirman que Clinton
carece de una visión para Estados Unidos, cuando de hecho ha
proporcionado una cantidad poco habitual de detalles en su página web
y en sus discursos.
En términos generales, reforzaría considerablemente la red de
seguridad social, sobre todo en el caso de los niños y las personas muy
pobres, haciendo hincapié en asuntos relacionados con la familia como
la baja por maternidad o paternidad. Esos programas costarán dinero,
aunque no tanto como afirman los detractores; Clinton propone, y es
verosímil, recaudar ese dinero subiendo los impuestos a las rentas más
altas, de modo que el resultado general sería una reducción de la
desigualdad.
El control demócrata de la Cámara también abriría la puerta a las
inversiones a gran escala en infraestructura. Si resultase factible, sé que
muchos economistas progresistas —entre los que me incluyo—
instaríamos a Clinton a ir mucho más allá de lo que ahora propone.
Si todo esto les suena a una segunda ronda de lo que hizo el presidente
Obama en 2009-2010, es porque lo es. ¿Y por qué no? A pesar del
obstruccionismo republicano, durante el mandato de Obama ha
aumentado notablemente el número de estadounidenses con seguro
médico, se ha reducido considerablemente la pobreza y se han creado
más de 11 millones de puestos de trabajo en el sector privado.
En cualquier caso, la conclusión es que, si piensan quedarse en casa el
día de las elecciones porque el resultado está asegurado, no lo hagan.
Salvo una catástrofe política equivalente al impacto de un meteorito,
Hillary Clinton será la próxima presidenta, pero la magnitud de su
victoria determinará la clase de presidenta que pueda ser.

© The New York Times Company, 2016.
Traducción de News Clips.

Paul Krugman (Albany, 1953). Economista (Universidad
Yale, 1974), Ph.D. en Economía ( Massachusetts Institute of
Technology [MIT] 1977). Fue profesor de Yale, MIT,
London School of Economics y Stanford, antes de
pertenecer al claustro de la Universidad de Princeton,
desde el 2000 en las cátedras de Economía y Asuntos
Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde
2000 escribe una columna en el periódico New York Times
que semanalmente reproduce El País. Ha escrito más de
200 artículos y 21 libros -alguno de ellos académicos, y
otros de divulgación-. Su Economía Internacional: La
teoría y política es un libro de texto estándar en la
economía internacional. En 1991 la American Economic
Association le concedió la medalla John Bates Clark. Ganó
el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en el
año 2004 y el Premio Nobel de Economía en 2008. De
1982 a 1983, fue parte del Consejo de Asesores Económicos
(Council of Economic Advisers) de la administración de
Reagan. Cuando Bill Clinton alcanzó la presidencia de
EE.UU. en 1992, se esperaba que se le diera un puesto en el
gobierno, pero ese puesto se le otorgó a Laura Tyson. Esta
circunstancia le permitió dedicarse al periodismo para
amplias audiencias, primero para Fortune y Slate, más
tarde para The Harvard Business Review, Foreign Policy,
The Economist, Harper y Washington Monthly. Sus
críticos cuestionan su papel como miembro del panel de
asesores de Enron durante 1999, antes de los escándalos
de la empresa en 2002. Krugman es probablemente mejor
conocido por el público como fuerte crítico de las políticas
económicas y generales de la administración de George W.
Bush, que ha presentado en su columna. Ha sabido
entender lo mucho que la economía tiene de política o, lo
que es lo mismo, los intereses y las fuerzas que se mueven
en el trasfondo de la disciplina; el mérito de Krugman
radica en desenmascarar las falacias económicas que se
esconden tras ciertos intereses. Se ha preocupado por
replantear modelos matemáticos para resolver el
problema de dónde ocurre la actividad económica y por
qué.
En 2012 publicó “Acabad ya con esta crisis”, en el cual
analiza las causas de la actual crisis económica, los
motivos que conducen al sufrimiento de la población, sus
consecuencias y la forma de salir de ella, recuperando los
puestos de trabajo y los derechos sociales amenazados por
los recortes, se explican con una claridad y sencillez que
cualquiera puede, y debería, entender.“Naciones ricas en
recursos, talento y conocimientos –los ingredientes
necesarios para alcanzar la prosperidad y un nivel de vida
decente para todos- se encuentran en un estado de intenso
sufrimiento”. ¿Cómo llegamos a esta situación? Y, sobre
todo ¿cómo podemos salir de ella? Krugman plantea estas
cuestiones con su habitual lucidez y ofrece la evidencia de
que una pronta recuperación es posible, si los dirigentes
tienen “la claridad intelectual y la voluntad política” de
acabar ya con esta crisis.

Los griegos lo sabían. Los clásicos sabían a la perfección las señas del demagogo

EN: Recibido por email


Enrique Krauze
El País
Octubre 24, 2016
http://www.letraslibres.com/espana-mexico/historia/los-griegos-lo-sabian

"Un demagogo no debe ser ni honesto ni educado; tiene que ser
ignorante y canalla".
Aristófanes, Los caballeros, 185
"Siempre mantén a la gente a tu lado, ablandándola con palabras que
quiere escuchar".
Aristófanes, Los caballeros, 215
"Posees todos los atributos de un demagogo: una voz horrible y
chillona, una naturaleza intratable y perversa, y un lenguaje de
mercado. En ti confluye todo lo necesario para gobernar".
Aristófanes, Los caballeros, 218
"Apelas a la guerra para evitar que la gente vea a través de tus
crímenes".
Aristófanes, Los caballeros, 803
"Ustedes [demagogos] son como los pescadores de anguilas; en aguas
quietas no atrapan nada, pero si remueven el cieno su pesca es buena;
del mismo modo, es solo en tiempos turbulentos que ustedes se llenan
los bolsillos".
Aristófanes, Los caballeros, 864
"Llevarlos a la ruina es fácil: les encanta sentirse halagados y
enteramente engañados por cada orador que engrandecen".
Aristófanes, Los caballeros, 1115
"Este heraldo es ingenioso, un artífice en el arte de la palabra ... pero
escúchenme: nada es más perjudicial para una ciudad que un déspota;
ahí donde existe no hay leyes comunes a todos los hombres, y sólo
uno es el tirano. En sus manos, y sólo en ellas, reside la ley. Lo cual
destruye la igualdad".
Eurípides, Las Suplicantes, 438/41
"La loca audacia se consideró honorable lealtad; la prudente vacilación,
especiosa cobardía; la moderación, máscara de la pusilanimidad; el
temerario arrebato, patrimonio de un hombre de corazón; la
deliberación precavida, un pretexto disuasivo; el exaltado, un hombre
siempre fiable; su contradictor, un sospechoso ... Raíz de todos estos
males era el afán desmedido de preponderancia y honores... La
bondad, nacida por lo general de la honradez, se esfumó escarnecida".
Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Libro II, 82
"La principal causa de las revoluciones en las democracias es la
intemperancia de los demagogos. En algunos casos, por su política de
delaciones individuales, incitan a los ricos a unirse (ya se sabe: el miedo
común coaliga aun a los peores enemigos). En otras ocasiones,
atacándolos como clase, concitan contra ellos al pueblo. Que así
ocurre, puede verse en multitud de casos".
Aristóteles, Política, 8, 4
"En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la
democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos
tiranos fueron primero demagogos. La causa de que así sucediera
entonces y no ahora es que entonces los demagogos salían de entre
los generales (pues aún no se conocía la habilidad oratoria). En cambio
ahora, con el auge de la retórica, quienes dirigen al pueblo son los que
saben hablar...".
Aristóteles, Política, 8, 4
"Cuando los estados son gobernados democráticamente de acuerdo a
la ley no hay demagogos y los mejores ciudadanos se hallan
firmemente al mando; pero donde las leyes no son soberanas,
aparecen los demagogos. El pueblo se vuelve un monarca ... y como tal,
no siendo controlado por la ley, apunta al poder único y se vuelve
autoridad".
Aristóteles, Política, 6, 4
"Si quieren razonar y acertar en lo que conviene a la ciudad, pongan
mayor atención a quienes se oponen a su dictamen y no a quienes lo
aprueban. A éstos les es fácil seducirlos: les dicen lo que les agrada
escuchar y su discurso sirve como de nube para impedirles ver lo
mejor... ".
Isócrates, Oración de la paz
"Y entonces, aprovechando la ocasión, ... el orador reaparece como una
ráfaga inesperada ... con énfasis y sin pausa hilvana las palabras y las
frases que ha acumulado ... pero son inútiles, no persiguen nada
bueno, se dirigen a lastimar a éste o aquel ciudadano, y al descrédito
de toda la comunidad".
Demóstenes, Sobre la Corona, 18/312

Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947). Ingeniero
Industrial (UNAM, 1969). Doctor en Historia (Colegio de
México, 1974). En 1977 ingresó a la revista Vuelta como
secretario de redacción y en 1981 se convirtió en el
subdirector, puesto que ocupó hasta diciembre de 1996. En
1991 fundó la Editorial Clío y en 1999 dio a la luz, como
director, a la revista Letras Libres. Es miembro del
Instituto Cervantes y de la cadena Televisa. Ha publicado
numerosos ensayos, biografías y especialmente libros de
historia, en especial de México, con especial interés en su
sociología, política y economía. Ha recibido numerosas
distinciones y premios. El pasado noviembre de 2011
publicó Redentores. Ideas y poder en América Latina
(Debate).

La palabra, en minoría

EN: Recibido por email


Antoni Gutiérrez-Rubí
El País
Octubre 29, 2016

http://blogs.elpais.com/micropolitica/2016/10/argumentos -en-minoria.html

La doble sesión del debate de investidura ha dejado un resultado y un temor.
El resultado, el esperado. Y el temor -no por posible, menos sorprendente- es
que la legislatura se enlode en un clima agrio de reproches permanentes. Los
insultos y descualificaciones personales, ad hominem y que buscan el
desprecio y el daño moral al adversario han tenido un protagonismo
excesivo: en el atril, en el hemiciclo, y en las redes. Después de más de 300
días, el clima se envenenado. Peligrosamente, la crispación desplaza a los
argumentos. Hemos empezado mal.

La campaña de Donald Trump, quizás, nos está contaminando. Trump no ha
llegado hasta aquí sin un uso torticero del lenguaje, en las antípodas de lo
que se definido como políticamente correcto. Los insultos —y motes— han
sido una de sus bazas. The New York Times publicó esta semana una doble
página en papel con todos los insultos de Trump —282, exactamente—
desde que anunció su candidatura. Es tan soez que repugna. Pero Trump
sabe que sus provocaciones son un tridente: alimentan las pasiones y los
instintos de sus seguidores, movilizándolos; ocupan protagonismo en las
redes y los medios, marcando la agenda de sus oponentes; y son la coartada
perfecta contra el discurso político. Para Trump, una elaborada técnica de
pendenciero provocador. Mejor insultar (etiquetar, reducir a un cliché) que
argumentar.

Además, los insultos permiten a muchas personas «hablar» de política,
gritando exabruptos o tecleando con saña digital. El insulto en política es
cobarde, y es despreciable. Se ampara en la libertad de expresión o en el
privilegio de la representación para actuar sin pudor. Esta legislatura corre el
riesgo de quebrar nuestra debilitada confianza en lo público. Una hipótesis
con responsables múltiples.

El insulto es una derrota pública de la política. Se insulta en ausencia de
argumentos. Es el recurso agresivo de quien es incapaz de ver en el
adversario un representante de la voluntad popular. Cuando nuestros
representantes se faltan al respeto con escarnio, zahiriendo emociones y
símbolos, están escupiendo en la cara de los votantes. Y se reducen a turba.
Criticar no es herir. Denunciar no es humillar. Alertar no es insultar.
Defender no es agredir. Atacar no es dañar. La palabra política ha
retrocedido en estas jornadas. Está en minoría, como Mariano Rajoy. Mal
presagio.

Antoni Gutiérrez-Rubí (Barcelona, 1960)s asesor de
comunicación y consultor político. Profesor en los másters de
comunicación política de distintas universidades. Dirige
Ideograma, una consultora de comunicación pública e
institucional que fundó en 1985 con sede central en
Barcelona, dentro de la antigua Fábrica Lehmann. Fue
responsable de la campaña de imagen de Alfredo Pérez
Rubalcaba en 2013.
Además de la comunicación, la nueva política y las nuevas
tendencias en el ámbito social y empresarial, Gutiérrez-Rubí
ha escrito libros de referencia sobre la transformación de los
modelos de comunicación, liderazgo y relación en la
Sociedad Red. En lo que refiere a la tecnopolítica, es
impulsor de apps4citizens, una iniciativa que busca
identificar, promover y desarrollar aplicaciones móviles para
el compromiso social y la participación ciudadana.
Autor, entre otros, de los libros: Políticas. Mujeres
protagonistas de un poder diferenciado’ (2008), Filopolítica:
filosofía para la política (2011) o La política vigilada (2011).
www.gutierrez-rubi.es

Arturo Sosa S.J., el nuevo Papa Negro

EN: Recibido por email

Adolfo Blanco R.

Soy un producto jesuítico desde mi infancia. Con los jesuitas hice la primaria, la secun-daria, el pregrado y cuatro postgrados. Y eso es así porque los admiro como educadores. Y también como personas, aunque a veces cueste soportarlos. Soy también católico creyente y practicante. Aclaro estos preámbulos como información previa para que no se escandalicen con mis comentarios aquellos a quienes les pueda llegar este escrito.

No me gusta para nada Arturo Sosa, recientemente elegido a dedo por su jefe Francisco como Muy Reverendo Padre General de la Compañía de Jesús. La Asamblea de padres jesuitas con representación universal que se llevó a cabo en Roma para que eligieran el sucesor del anterior Padre General, Adolfo Nicolás Pachón S.J., no fueron capaces de deslastrarse de la hegemonía papal y terminaron refrendando la candidatura preferida de Francisco, por cierto, jesuita también, además de Papa.

No me gusta tampoco Francisco. Lo respeto como Papa en sus funciones eclesiásticas pero detesto su actuación política exacerbada como Jefe de Estado que está haciendo tanto daño a Latinoamérica y, más específicamente, a Venezuela. Me indignó, como a muchos otros católicos, el desaire que les hizo a las Damas de Blanco en su viaje a Cuba, así como su sumisa visita personal al más grande criminal de Latinoamérica del pasado y del presente siglo. Más recientemente, me indignó su apoyo y defensa del SI en el referendo colombiano que estuvo a punto de legitimar el arribo impune a la Constitucio-nalidad de Colombia de la cuadrilla de los más grandes asesinos, secuestradores, extor-sionistas y narcotraficantes de los últimos 50 años. A nivel de Venezuela, me consta que su postura en el desafío que mantiene Leopoldo López ante el Régimen es que se vaya del país, y así lo hizo saber en una ocasión a través de su Secretario de Estado monseñor Pietro Parolín.

En relación a Arturo Sosa, es un chavista de origen en quien permanece la admiración que siente desde hace 18 años por el régimen más criminal, asesino y narcotraficante que ha tenido Venezuela en los 200 años de su historia republicana. Su nombramiento en el pasado como Rector de la Universidad Católica del Táchira, ubicada en la parte sur del país bien lejos de Caracas, no se debió tanto a sus méritos académicos sino a una orden de traslado que le impuso el Padre Provincial del momento para alejarlo de sus actividades y contactos chavistas en Caracas.

Ahora, al ser nombrado Padre General por Francisco, en lugar de mandar un saludo a todos los miembros de la Orden jesuita y estimularlos a que sigan pregonando la paz, la caridad y la misericordia en este mundo tan revuelto, en su primera conferencia de Prensa –llevado de su ignorancia o de su majadería- se lanzó a decir que tanto el Régimen como la Oposición venezolanos no tienen proyectos de país, metiendo a los dos actores en el mismo saco e intentando poner como “malos de la película” a los dos bandos. Esa posición ya tomada, más su fidelidad al discurrir de su jefe inmediato Francisco, no cabe duda que es el preámbulo para buscar una solución para que los Castro, a través de un monigote sumiso, sigan mandando en Venezuela (como su jefe lo logró con Obama para que sigan mandando en Cuba) aplicándoles una pincelada de barniz democrático.

Ni Venezuela, ni los venezolanos, nos merecemos lo que estamos viviendo.

Caricaturas del día

EN: http://www.lapatilla.com/site/ 2016/11/01/caricaturas-de- este-martes-01-de-noviembre- de-2016/


Venezuela: La política en contra de la guerra

EN: Recibido por email

Fernando Mires

La del 26 de Octubre fue una inmensa demostración política. Digo política en el sentido mas exacto de la palabra. Miles, millones de seres humanos se congregaron en las calles de las ciudades venezolanas para protestar frente a un régimen que les ha robado el derecho ciudadano más elemental: el de elegir a sus representantes.
Porque la anulación del RR16 no solo anula el RR. Pospone, además, las elecciones regionales hacia el espacio infinito. Y, frente a toda evidencia, cerrará el camino de las elecciones hasta que el régimen tenga posibilidades de ganar alguna vez. Es decir, no las hará nunca más.
Venezuela, de acuerdo a la lógica militar del régimen, deberá ser como Cuba. Pero el pueblo político- ese es el problema- no está destruido como ya lo está el cubano.
Los venezolanos disponen de partidos, de una Asamblea Nacional, de líderes, de una mayoría clara y certificada, y sobre todo, de una Constitución. Esas y no otras son las armas de esa mayoría. Esas son también las armas de la política. Y con esas armas el pueblo está defendiendo su derecho a ser pueblo.
Para los que gustan de las definiciones politológicas, el régimen ha revelado al mundo lo que es: una dictadura pretoriana. Sin pretender ahondar el concepto, nos referimos aquí a un tipo de régimen que sustenta su legitimidad en la posesión de armas mortíferas. En esa condición pretoriana yace justamente la diferencia entre el chavismo y el madurismo.
Mientras el chavismo era un régimen popular, populista y militar, el madurismo ha degenerado en un simple régimen militar, militarista y anti-popular. Quien tenía alguna duda, ella quedó disipada el día 25 de Octubre con la aparición televisiva del verdadero hombre fuerte del régimen, el general Vladimir Padrino López, rodeado de un grupete de generales armados hasta los dientes.
¿“Para qué esas armas”? –preguntaría desde la AN, Henry Ramos Allup en un discurso que será memorable. ¿Contra cuál ejército están dirigidas, contra cuál imperio, contra cuál nación enemiga? Nada de eso: el grotesco espectáculo que brindaba el generalato –acudieron de pronto a mi memoria antiguas fotos de Trujillo- quería testimoniar simbólicamente que las armas apuntan hacia los enemigos del gobierno. Su propósito era, sin duda, amedrentar. Imponer imágenes de guerra a una ciudadanía democráticamente organizada. Sin embargo, López Padrino, con su ridícula aparición, dejó en claro que “su” ejército no pertenece a la nación, ni siquiera al Estado. Que solo es el ejército de un partido, el PSUV. Así lo dijo Ramos Allup.
Vano será todo intento por entender la naturaleza del régimen que representa Maduro apelando a conceptos tradicionales de la teoría política. Todo lo dicho o hecho por los personeros del régimen obedece a una razón estrictamente militar. Así, los prisioneros no son llevados a las cárceles por delitos cometidos sino como rehenes a ser canjeados. Los servicios secretos no están destinados a proteger a la nación sino a atemorizar a los dirigentes políticos. La TV se rige de acuerdo a los criterios de la propaganda militar. El lenguaje violentísimo de Maduro, Cabello y Rodríguez busca provocar terror entre los “ejércitos” del enemigo. 
La propia AN es para ellos un terreno ocupado por tropas adversarias. Por lo tanto hay que liberarla mediante el uso de la fuerza. No otra fue la lógica del alcalde José Rodríguez cuando irrumpió en la Asamblea al mando de una chusma sedienta de sangre.
Incluso, abusar de la buena voluntad del Papa ha sido para Maduro una táctica destinada a neutralizar el rol opositor de la Iglesia Católica venezolana y distraer así a la opinión pública con un diálogo tramposo. Supuesto dialogo elaborado por el fracasado político español Rodríguez Zapatero, diálogo cuya función es bloquear el único tema sobre el cual se puede dialogar: el RR16.
El problema, el gran problema que tiene el régimen militar, es que frente a sí no hay ningún ejército, ni siquiera grupos armados como los colectivos paramilitares que trabajan con la GNB. Ante ellos van a encontrar todo, menos a un ejército: Grupos multicolores que marchan con las banderas de cada partido, chicas muy lindas y otras no tanto, estudiantes sin camisas uniformadas, algunas personas pudientes, restos de la clase media aniquilada por la cruel economía del sistema, y mucha gente de los cerros que antes tenía a Chávez y hoy solo tiene hambre. En fin, la Venezuela real.
Por cierto, de vez en cuando un tuitero, en inconfundible estilo maiamero, escribirá: “dictadura no sale con votos” . O un loco de carretera disparará en medio de la calle contra un infortunado policía. O un par de guarimberos jugarán a la guerra muy cerca de sus casas. Pero esas son excepciones.
Cada demostración opositora ha sido una muestra de gran civilidad. Eso es precisamente lo que desorienta a los esbirros del régimen. Ya quisieran ellos enfrentar a grupos armados combatiendo en las calles para después liquidarlos en cruentas batallas y celebrar sus heroicas victorias brindando bajo los ojitos del Comandante Eterno. Pero no los van a encontrar. La inmensa mayoría de la oposición es pacífica, electoral y –eso lo que más los molesta- constitucional.
Para el día Jueves 3 de Noviembre, el líder del Revocatorio, Henrique Capriles Radonski, ha llamado, en nombre de la MUD, a marchar pacíficamente hacia el Palacio de Miraflores y exigir al mandatario que de curso libre a los mecanismos legales del RR16.
Pacíficamente ha dicho Capriles. Maduro y sus huestes armadas nunca entenderán esa lógica. ¿Cómo se le ocurre a ese líder llamar por anticipado poniendo hora fecha y lugar para marchar pacíficamente hacia la sede de gobierno? ¿En qué estrategia cabe eso? Seguro, marchará en otra dirección. Querrá sorprendernos con una emboscada. Algo se traen entre manos. En sus mentes, ya distorsionadas por la lógica de una guerra que nunca han hecho, no cabe la posibilidad de actuar sin dobleces, de dar al enemigo una oportunidad para que piense y recapacite, de exigir una reivindicación sin más armas que el libro azul de la Constitución.
Ojalá los enviados del Vaticano permanezcan una semana más en Venezuela. Allí podrán presenciar cual razón es más fuerte: si la maldad de la guerra o la inteligencia de la política.

Se inició el grotesco diálogo

EN:

Los representantes de la oposición ya se reunieron con los hermanos Rodríguez, los representantes del régimen de Maduro. Nos representaron cinco personas, entre quienes se encontraban Timoteo Zambrano y Henri Falcón.  La presencia de Zambrano y Falcón nos indica el camino que seguirán estas “negociaciones”. En esa mesa no estaban sentados los miembros de una verdadera oposición. Suponemos que hasta el mantel sería rojo. 

Los hermanos Rodríguez, Jorge y Delcy, son exponentes de lo peor de nuestro gentilicio. Por ello la MUD envió a Timoteo: Pá Bachaco Chivo.  

Le pregunto a los venezolanos: ¿qué clase de diálogo salvador de principios, de sueños, de anhelos de libertad, de deseos de una verdadera recuperación nacional pueden entablar estos personajes?   Estas personas sentadas en la mesa no pueden más que negociar mezquinos acuerdos, regatear, dar y recibir, sin atención a los grandes principios.  

Hasta los mejores miembros de la Venezuela democrática transitan los caminos de la ambigüedad. Oigamos al Padre Ugalde: “El régimen venezolano es un escándalo mundial y un reto a la responsabilidad de todas las instancias democráticas. Que nadie espere que la Iglesia actúe con neutralidad equidistante entre dictadura y democracia. Al mismo tiempo hay que poner las bases para la difícil reconstrucción económica, social, política y moral del país, con un gobierno de salvación nacional que solo es posible con un diálogo eficaz abierto que incluya todas las posiciones políticas. Sin diálogo para cambiar y reconstruir no habrá democracia social”.  

Nos dice Ugalde que, aunque sabemos que este régimen es un escándalo mundial, debemos ir a dialogar con ellos  a fin de poder integrar un gobierno de salvación nacional. Yo veo ambigüedad en esto.  

Por su parte el Cardenal Urosa dice: “No debemos ir a marchar a Miraflores, ello es peligroso”. Es decir, olvidémonos de la resistencia en las calles

“Confiamos en el Papa y su iniciativa de diálogo”, nos dice el Secretario General de la OEA Luis Almagro. ¿Significará eso congelar cualquier acción en la OEA en contra del régimen?

 El Secretario General de la ONU respalda el diálogo en Venezuela. Eso significa que se cruzarán de brazos frente a la tragedia venezolana. Las FAO podrán continuar apuntalando al régimen a través de su mercenario representante en Caracas.

USA respalda el diálogo, llega a Venezuela Tom Shannon.

¿Cuál es la Agenda de tal diálogo? Consiste en un solo punto: ganar tiempo, congelar la resistencia, enfriar la desobediencia civil, mantener al régimen en el poder y obtener a cambio algunas concesiones menores.

No dudamos que las presiones del Vaticano y de USA podrán lograr algunas concesiones del régimen de Maduro, el cual se encuentra agonizante. Inclusive, es probable que logren sacar al pobre diablo de Maduro de la presidencia. Pero el régimen seguirá en el poder.  Lo que los venezolanos deberán pagar para lograr concesión alguna es aceptar que queden impunes los saqueos, los asaltos, las humillaciones, el embrutecimiento y la prostitución que ha generado el chavismo en nuestro país,  el mayor crimen jamás cometido en contra de la Nación venezolana. 

¿Cuál será el precio final de esta negociación entre la coalición Vaticano-Washington y la alianza de forajidos?  Recordemos que Venezuela ha sido saqueada por los bandidos del chavismo y del madurismo, que hay unos 500 ladrones sueltos que se han embolsillado no menos de $300.000 millones del dinero de los venezolanos.  La baja calidad ética de esta negociación casi garantiza que dentro de 15 a 20 años se instalará en Venezuela un nuevo Chávez. Ese es el probable costo final de esta negociación. 

Esta manera de “resolver” el problema venezolano me da asco. Es barrer la basura por debajo de la alfombra.  No le hace justicia a los venezolanos que ya han muerto y quienes están hoy en prisión, o perseguidos o en el exilio por no haber cedido en sus principios frente al bochornoso régimen. La negociación olvidará esos sacrificios.  


No sé cuánto se logrará pero estoy seguro de que al sentarnos en la mesa con los rufianes, al considerar un borrón y cuenta nueva para sus desmanes,  habremos perdido el alma.