EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/09/delcy-y-groucho-marx/
Los reportes de las agencias internacionales de información presentan a Delcy Rodríguez como la presidenta encargada de Venezuela. Es un error que de tanto repetirse en un sitio y en el otro y en el de más allá adquiere la apariencia de verdad. Delcy ocupa la presidencia de manera ilegítima porque sustituye a Nicolás Maduro quien se robó las elecciones presidenciales de 2024, por no ir más atrás. Pero es cierto que así va a ser presentada en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Como presidenta encargada de un país que no existe pero que firma memorandos, reparte campos petroleros, tiene presos políticos, jueces miembros del partido y medios bloqueados hasta que decidan portarse bien.
Delcy ya está en Nueva York donde está preso Nicolás Maduro y donde nació Groucho Marx hace un siglo largo. Marx, que nada tiene que ver con el alemán Karl Marx, si estuviera vivo bien pudiera hablar ante el foro de los países del mundo.. En sus primeras declaraciones en el imperio tan querido, nos hace saber Delcy Rodríguez que estará presente en la Asamblea General “para llevar la voz de Venezuela y defender sus principios” Entre tantas frases célebres que se le atribuyen a Groucho está aquella en la que dice: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". Fin del discurso. Se aplaude de seguidas la brevedad.
Groucho, cuyo nombre era Julius Henry Marx, actor, escritor y, por supuesto, humorista, era un hombre de izquierda aunque no comunista. Durante más de 20 años fue investigado por el FBI por sus supuestos vínculos, nunca probados, con el Partido Comunista de Estados Unidos. Durante la época del macartismo (por el senador Joseph McCarthy, en la década del 50 del siglo pasado) Groucho Marx participó activamente en el Comité por la Primera Enmienda, opuesto al Comité de Actividades Antiamericanas. Llegó a firmar un manifiesto en el que se aseguraba que "perseguir a un individuo por sus ideas” va en contra de los principios más básicos de la democracia".
La voz de Venezuela está apagada. No se va a escuchar en la Asamblea General. La voz de Venezuela es la voz cansada e irritada de su gente a la que se le ha mentido por décadas sin rubor alguno. Es la de la gente que tiene la garganta ronca de tanto gritar libertad y democracia, o que vuelva la luz, o que llegue el agua, o que abran las escuelas y los hospitales curen. De nada de eso va a hablar Delcy Rodríguez, y menos de las elecciones porque, que se sepa, nunca ha ganado una, de manera que la idea fija es postergarlas cuanto más se pueda. Sin el estorbo de la legitimidad, con nuevos amigos poderosos, se puede mandar e ir a hablar en Naciones Unidas que ya no huele a azufre.
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