EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/los-escombros-del-estado/
Los terremotos del 24 de junio dejaron miles de toneladas de concreto sobre las calles de Venezuela. Pero también revelaron otra clase de escombros, mucho más difíciles de remover: los de un gobierno que carece de capacidad para proteger a sus ciudadanos.
Las imágenes de edificios colapsados conmovieron al país. Sin embargo, hubo otras escenas igualmente reveladoras. El video en el que cuatro funcionarios policiales intentan apropiarse de unos dólares encontrados entre los escombros —hecho que condujo a su destitución— simboliza un deterioro moral que trasciende la conducta individual de sus protagonistas.
A ello se suman las denuncias formuladas por rescatistas extranjeros sobre los obstáculos y controles que habrían dificultado sus labores. Más allá de la comprobación de cada episodio, todos ellos conducen a una misma reflexión: las grandes emergencias no solo ponen a prueba la solidez de las edificaciones; también revelan la calidad ética e institucional de un país.
Como señaló Ramón Escovar León en su artículo “El gobierno sin Estado”, publicado en El Nacional el martes 30 de junio, los terremotos pusieron de manifiesto una realidad que Venezuela arrastra desde hace años: un gobierno que ha concentrado poder mientras el Estado perdía progresivamente la capacidad de cumplir su misión esencial de proteger a los ciudadanos. Los acontecimientos ocurridos desde entonces no han hecho sino reforzar ese diagnóstico.
Las emergencias exigen liderazgo sereno, capacidad de decisión y confianza en el conocimiento técnico. Requieren autoridades capaces de reaccionar con rapidez y comprender que, frente a una tragedia de esta magnitud, la prioridad consiste en salvar vidas, no en administrar políticamente la emergencia.
La experiencia internacional demuestra que los países responden mejor cuando dejan de lado los sectarismos y convocan a sus mejores capacidades. Los desastres no distinguen entre oficialistas y opositores, civiles y militares, sector público y sector privado. Exigen la colaboración de todos. Por ello, las comisiones encargadas del rescate, la atención de las víctimas y la recuperación del país deben integrarse con los venezolanos de mayor competencia y experiencia, cualquiera sea su origen institucional o su posición política. La recuperación nacional no puede ser patrimonio de un gobierno; debe convertirse en una tarea de todos, al amparo de la unidad nacional.
La tragedia también ha recordado la importancia de una prensa libre. En situaciones de emergencia, la información salva vidas. Los ciudadanos necesitan conocer con rapidez dónde existe mayor riesgo, qué ayuda está disponible y cuáles son las necesidades más urgentes. Mantener restricciones sobre medios nacionales e internacionales en circunstancias como estas resulta difícilmente compatible con el interés público. La transparencia fortalece la confianza; la censura solo alimenta la incertidumbre.
Igualmente indispensable es recuperar una ética del servicio público. La autoridad no constituye un privilegio, sino una responsabilidad. El uniforme, el cargo o la jerarquía encuentran su legitimidad únicamente cuando se ponen al servicio de los ciudadanos, especialmente de quienes atraviesan los momentos más difíciles.
Los terremotos también revelaron con crudeza las debilidades de un modelo que privilegió durante años la concentración del poder mientras descuidaba el fortalecimiento del Estado y de sus instituciones. Las crisis no crean esas debilidades; simplemente las hacen visibles.
La remoción de los escombros y la reparación de las ciudades afectadas marcarán apenas el comienzo. La tarea verdaderamente decisiva será reconstruir el Estado, restablecer la confianza ciudadana y recuperar una cultura pública fundada en la competencia, la honestidad, la libertad de información, el respeto por la dignidad humana y la vocación de servicio a la Nación.
Los edificios caen en segundos; los Estados se derrumban lentamente. Pero ambos comienzan a reconstruirse el día en que el interés público vuelve a estar por encima de los sectarismos y de las ideologías.
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