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Saludos,
El doble
terremoto del 26, como quedará asentado en la crónica y en la historia, sin
duda es la catástrofe natural más trágica de Venezuela.
Hay
quienes dicen que no se debe politizar la tragedia. Y tienen toda la razón.
Politizar
el terremoto sería pretender ignorar o maquillar el contexto en el que se
produce, para beneficiar a un grupo político (más criminal que político, pero
ese no es el tema de hoy) y ocultar la negligencia y la estulticia de quienes
han detentado el poder. No llegamos a esta situación sin hospitales, sin luz,
sin agua ni recursos por arte de magia.
Politizar
la tragedia sería pasar por alto el hecho de que hoy los esfuerzos de remoción
de escombros los hacen directamente los ciudadanos autoorganizándose, salvo
contadas excepciones. Hoy los militares y los policías brillan por su ausencia;
hasta vieron a unos robándose un televisor, y a otros desgraciados con uniforme
jodiendo a quienes tuvieron la idea de armar un centro de acopio.
Politizar
esta tragedia sería desconocer que la ausencia de capacidades ha sido política
de Estado y que el que hoy no haya ni rescatistas suficientes, ni camiones de
volteo ni maquinaria pesada ni linternas siquiera para rescatar a los
sobrevivientes en estas horas críticas fue simplemente una decisión para
atrincherarse en el poder.
“Politizar
la tragedia” es precisamente hacerse el muertico, lo que equivale a la política
informativa de no informar, que es lo que ha ocurrido con la inflación, los
boletines epidemiológicos, la producción petrolera y la de deuda externa. Eso
sería politizar la tragedia con la más pura política de toda dictadura: el
silencio.
Este
terremoto había sido tantas veces anunciado que es criminal no haber estado
mínimamente preparados.
Así que no politicemos la tragedia haciéndonos los locos. Foco por ahora en las víctimas, pero sin amnesia para todo lo demás.
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