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Saludos,
Amigos, Ramón por aquí.
Les escribo con las
emociones aún a flor de piel, y con ese dolor que los venezolanos sentimos en
el alma.
La Ceiba de hoy es un
documento para la historia.
Agencias y medios del
mundo entero documentan la infinita irresponsabilidad y desidia del régimen, la
nobleza del venezolano y la solidaridad internacional.
Documentan los intentos
desesperados de un pueblo que trata de rescatar víctimas con poco más que sus
manos.
Documentan el colapso
hospitalario. Pero también la impresionante labor de miles de voluntarios que
se volcaron a ayudar. Nuestra admiración, respeto y agradecimiento para todos
ellos.
Como tantas otras veces
en el pasado, la tan necesaria ayuda llegó a los venezolanos de la mano de
otros gobiernos, mientras el régimen de Delcy no solo no ayuda, sino que
entorpece y sabotea. Malignos.
Mención especial merecen
los rescatistas salvadoreños y el presidente Bukele, más eficientes y
preocupados por las víctimas que Delcy, Jorge y Diosdado.
Había que hacer una sola
cosa. Una sola: rescatar víctimas. Salvar vidas. Lo demás es teatro.
Y los salvadoreños
llegaron a hacerlo. Y estamos seguros de que muchos otros están en esa sagrada
misión ahora mismo, mientras escribimos estas líneas. Dios con ellos.
Es normal que lloremos
con cada video y con cada testimonio. Con cada persona rescatada. Con la madre
que se sacrificó para salvar a su hija. Con cada niño sacado de entre los
escombros.
Pero, amigos, hay que
secarse las lágrimas y seguir adelante.
Cada uno de nosotros debe
ayudar en lo que corresponda. Rescatistas, médicos y voluntarios en lo
inmediato. Y todos los demás en la tarea de largo plazo: la reconstrucción
nacional.
Me refiero a una
reconstrucción material y de infraestructura, sí.
Pero también a la
reconstrucción institucional, sin la cual la anterior no es posible.
Muchos países han sido
devastados. Algunos se reconstruyeron más fuertes que nunca. Otros se quedaron
devastados. Veamos algunos ejemplos rápido:
·
La Alemania de 1945: derrotada y
destruida. Y luego partida en dos. Hoy, reunificada y fuerte, es la mayor
economía de Europa y una de las mayores del mundo.
·
Japón en 1945: derrotado, destruido y
ocupado. Con dos bombazos atómicos a cuestas. Hoy es una potencia económica,
tecnológica e industrial.
·
Corea del Sur: tras la guerra de 1953
era más pobre que muchos países africanos. Hoy la Bolsa de Seúl es noticia a
diario porque sus empresas, incluyendo Samsung y SK Hynix, están a la
vanguardia de la revolución de la inteligencia artificial.
·
La España post-Franco; Polonia y la
Europa del Este tras la caída del Muro de Berlín; Vietnam.
Abundan los ejemplos
exitosos.
Pero también hay países
que se quedaron devastados, sin levantar cabeza:
·
Haití: terremotos, huracanes,
dictaduras, magnicidios, golpes de Estado, asesinos como Duvalier I, “Papa
Doc”; Duvalier II, “Baby Doc”; y, más recientemente, el infame Barbecue.
·
Cuba: ¿qué les puedo decir que
ustedes no sepan ya?
·
Zimbabue: pasó de ser el “granero de
África” a sufrir una hiperinflación legendaria durante el “breve” desgobierno
de 37 años de Robert Mugabe, amiguito de Chávez y Maduro, gracias a
expropiaciones, destrucción del derecho de propiedad y desmantelamiento de las
instituciones.
·
Corea del Norte: tal vez sea el caso
que mejor grafica el asunto. Las dos Coreas fueron la misma vaina durante diez
siglos. Después de la Segunda Guerra Mundial las dividieron: el norte para la
URSS y el sur para los Estados Unidos. Hoy el norte sufre pobreza y hambrunas
bajo el régimen totalitario de Kim Jong Un, mientras el sur lidera
tecnológicamente al mundo.
Bueno, no voy a gastar ni
un segundo explicando por qué unos países se reconstruyeron y triunfaron,
mientras otros fracasaron.
Pero sí voy a poner un
ejemplo más.
Hay un país que ha sido
un ejemplo de fracaso durante el último cuarto de siglo:
Venezuela.
La llegada del chavismo
al poder marcó el inicio de la destrucción de un país que perdió un tercio de
su población y la mitad de su PIB.
Crisis humanitaria.
Violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Hiperinflación. Presos
políticos. Destrucción institucional. Impedidos de elegir democráticamente a
nuestros gobernantes.
Y hoy, tutelados por los
Estados Unidos, sin saber todavía si vamos a convertirnos en la próxima Corea
del Sur o en el próximo Haití.
Por favor, no seamos en
los próximos 25 años lo que fuimos en estos últimos 25.
Rechacemos el ejemplo de
la Venezuela de Chávez, Maduro y Delcy.
Construyamos el futuro de
democracia y prosperidad que podemos lograr.
Amigos, la reconstrucción
del país solo será posible con instituciones democráticas fuertes. No importa
cuándo lean esto.
Tenemos todo para
lograrlo.
Y todos sabemos cuál es
la tarea.
A secarse las lágrimas.
Y manos a la obra.
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