EN: Recibido por email
Saludos,
Amigos, aún perturbados por los terremotos, quizás no nos hemos
percatado de los alcances y la relevancia de la reacción colectiva de los
venezolanos en los primeros momentos de la tragedia.
Tan importante fue la oleada de solidaridad y unión nacional,
que lo primero que hizo el régimen fue criminalizarla y obstaculizarla, a
sabiendas del potencial que posee el país cuando se une física y
espiritualmente en procura de un objetivo superior.
La respuesta rápida, espontánea, solidaria, desinteresada, llena
de coraje y desprendimiento, que convirtió a los venezolanos de afuera y de
adentro en un poderoso bloque social de rescate, ayuda y socorro, es una
muestra muy potente de lo que somos capaces de lograr en circunstancias
adversas.
Porque todos sabemos que el principal lema del pillaje que
desgobierna a Venezuela es el de “divide y vencerás”. La dictadura siempre ha
echado mano de la división, la fragmentación, la promoción de intrigas y
rivalidades para debilitar la fuerza de la sociedad venezolana y su capacidad
transformadora.
De manera que la ilegítima Delcy y su par de escoltas no pueden
ver con buenos ojos lo que ocurrió el 24 de junio y días subsiguientes, cuando
la catástrofe generó redes de solidaridad y salvación popular al margen de la
mafia envilecida y hasta en contra de ella.
Por eso los secuaces usurpadores activaron la censura, el
hostigamiento a la prensa y el uso de la propaganda para desvirtuar la gesta
que logró salvar cientos de vidas a fuerza de pura voluntad, heroísmo y
resistencia, demostrando que además de inútiles, los de Miraflores sobran.
Nadie debe olvidar lo que cada quien hizo y sigue haciendo en
medio de tan espantosa situación para ayudar a su familia, a sus amigos, al
vecino y al prójimo.
Ese capital social es justamente lo que nos conducirá al norte
que todos queremos.
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