EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/06/colombia-de-la-paz-total-al-milagro/
Alberto de la Espriella ya habla como presidente electo aunque el resultado no es definitivo. Y comienza igual que Gustavo Petro. El mandatario de salida prometió la “paz total”, el de entrada anuncia un “milagro”. Un programa cómico de la televisión española popularizó una frase que viene al pelo: “un poquito de por favor”. Lo que recorre América Latina, para disgusto de Petro que la sacó a pasear el 7 de agosto de 2022 cuando asumió la presidencia, no es la espada de Bolívar, sino la incontinencia verbal inundada de toda suerte de despropósitos.
En Colombia algunas cosas ocurren demasiado rápido. El resultado electoral, por ejemplo, se supo en menos de dos horas tras el cierre de las votaciones. Alguien sacó la cuenta de que en Venezuela han transcurrido 16.000 horas desde las elecciones del 28 de julio de 2024 y aún esconden las actas. Una reforma electoral sencilla en nuestro país sería seguir el escrutinio minuto a minuto, como lo hacen en el país de al lado. También pasan rápido los cuatro años de mandato presidencial. Las señales que envió Petro muy al principio fueron alentadoras, igual que la integración de su primer gabinete. De la Espriella prometió desde Barranquilla gobernar para todos los colombianos, sin retaliaciones, con garantías para la oposición -la mitad del país- y con lealtad a la Constitución. Veremos.
No se le escapó, sin embargo, recordar que él es un Tigre…”un Tigre que puede morder más duro que lo que ha mordido hoy en las urnas”.
El escritor, ensayista y antropólogo colombiano Carlos Granés escribía en The Objective hace dos semanas que en Colombia se pedía el voto “por las pasiones patrióticas y el instinto matonil del primero (De la Espriella), o por la “ideología inflexible y mórbida del segundo” (Iván Cepeda). Y los votantes se decantaron casi a partes iguales por uno y otro. Hay celebración en una acera, porque Petro se va y no impuso su relevo; y disgusto y temor en la otra porque nadie sabe en qué se convertirá el Tigre y cómo morderá.
El artículo de Granés (Colombia: la encrucijada imposible) toma algunas frases de La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, de certera actualidad, como si retrataran el escenario de la política colombiana, y aún más al norte, y también al sur: “Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo impone dondequiera”. Y tal vulgaridad engloba tanto a derechistas como a izquierdistas. Las alegrías políticas, en nuestra región latinoamericana, son efímeras, con alguna que otra excepción.
En La Silla Vacía, su directora, Juanita León, destaca en el análisis inmediato del resultado electoral que “mucha gente votó con la ilusión de impedir otros cuatro años de Petro, y no necesariamente para verlo extraditado, por ver la eliminación de la izquierda o por imponer la educación religiosa en los colegios. Así como hace cuatro años la gente votó para castigar a Iván Duque y al uribismo y no necesariamente para acabar con el sistema de salud que existía o para que no hubiera más exploración de petróleo”.
Y añade León que Petro lo interpretó como adhesión total a su programa. Habrá que concederle a De la Espriella el beneficio de la duda. Si entiende, como en principio pareciera, que Colombia es un país partido por la mitad. Quizás le convenga más ser un lince que un tigre.
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