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Cuba decreta el duelo por la muerte de uno de los últimos fidelistas: el viceprimer ministro Ramiro Valdés, que se lleva a la tumba dos títulos; uno oficial, de héroe de la revolución; y otro del boca a boca, de charco de sangre. Tenía 94 años, participó en el asalto al Cuartel Moncada (1953), iba a bordo del Granma (1956) e integró la columna Ernesto Che Guevara, lo que le daba un aval histórico que, sin embargo, no lo salvó de las purgas aunque consiguió ser rehabilitado por el poder y, como deseó, será enterrado junto a los falsos restos, según afirma el portal independiente 14 y medio, del guerrillero argentino.
Lo que destaca el discurso oficial y la prensa de la dictadura cubana es que Valdés fue de absoluta fidelidad a Castro. Esas declaraciones hay que leerlas por lo que ocultan. Lo que está registrado de este hombre es que fue un ejecutor de la represión, que ha permitido durante más de sesenta años que Cuba esté dominada por un régimen que prohibió la democracia y la libertad, expulsó a millones de cubanos de su país y congeló la historia de la isla caribeña,
Desde la llegada al poder de los revolucionarios en 1959, Valdés ocupó posiciones destacadas, siendo en dos etapas ministro el Interior, del que dependían la seguridad, la inteligencia, la política y el sistema penitenciario. Desde muy pronto, Cuba empezó el control y vigilancia de la población, aun cuando puertas afuera la “revolución cubana” despertaba ilusiones en el mundo de entonces, con especial énfasis en América Latina, donde la estrategia guerrillera se copió y fracasó con estrépito en su derivación foquista. Venezuela vivió esa pesadilla en la década del sesenta recién recuperada la democracia. Tras la derrota militar y política, vino la pacificación aunque los irreductibles fueron seducidos décadas más tarde por el chavismo.
A Valdés le correspondió ser uno de los fundadores del Departamento de Seguridad del Estado y de la Dirección General de Inteligencia, para, según la versión oficial, “seguir, infiltrar y reprimir a elementos opositores”. Ser identificado como “elemento opositor” es el paso previo a la privación de la libertad y demás consecuencias.
El duelo por el “histórico” comandante de la Revolución es solo por 18 horas. La figura de Valdés se fue desvaneciendo en los últimos años, y su presencia pública era cada vez menor. En 2010, el entonces presidente Hugo Chávez Frías anunció que el dirigente cubano integraría una comisión para enfrentar la crisis energética en nuestro país. Cuba pasa de un apagón a otro, lo que también copiamos en Venezuela. La oscuridad es el signo más evidente de un sistema envejecido y delirante del que los venezolanos estamos empeñados a salir. Nadie de los que ahora mandan en Miraflores recuerda a Valdés, entretenidos en la misión borrar el pasado.
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