Wednesday, July 8, 2026

Editorial El Nacional: El dueño del mundial

 EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/07/el-dueno-del-mundial/

La FIFA domina uno de los negocios más lucrativos del planeta: el juego del fútbol, que mientras más se expande, menos se parece al deporte que inventaron los ingleses y adornaron con filigrana y astucia los suramericanos. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, es amigo de Donald Trump, por aquello de que el dinero llama al dinero. Hablan con frecuencia, se elogian el uno al otro y viceversa, y de sus tratos resplandece siempre la verdad, que es la consigna de la casa matriz futbolera después de que varios de sus intocables dirigentes fueron a dar a la cárcel.

Así que Donald Trump tomó su teléfono y habló con Gianni, como en la elección presidencial de 2020 llamó a un republicano responsable del conteo electoral en Georgia y le pidió que le buscara unos cuantos miles de votos para ganarle al viejito Joe Biden. Al hombre de la FIFA, su “pana”, -la expresión ya le es familiar al presidente estadounidense, tan próximo a Miraflores- le pidió algo más sencillo: anular una tarjeta roja mostrada al jugador de la selección de su país Folarin Bolagun. “...entiendo muy bien de deporte, y eso no fue una falta, ni siquiera fue una infracción”. Y esa modestia y humildad bastó para que Bolagun fuera indultado y pudiera jugar contra Bélgica, aunque sin poder evitar una estrepitosa derrota (1-4).  El VAR es una mentira tecnológica, cuando habla el mandamás del mundo.

Nadie duda del poder de Trump, que igual quiere comprar Groenlandia que borrar del mapa a Irán (incluido su equipo de fútbol), pero no es original. En el mundial de 1982, el jeque Fahid Al-Ahmed Al-Sabah presenciaba en Valladolid el partido entre la selección de su país, Kuwait, que perdía con holgura contra la de Francia. El jugador galo, del tamaño de Astérix, Alain Giresse, soltó un tiro imparable que amplió la ventaja. El jeque empezó a gesticular desde la grada, mientras el balón era puesto en el centro del campo para reiniciar el partido; molesto, bajó al campo, amenazó con retirar a los jugadores kuwaitíes y logró que el gol fuera anulado. Aún más: el árbitro del partido nunca más volvió a pitar en un partido internacional. Tanta verdad es insoportable.

Llevarle la contraria a Donald Trump es desaconsejable. Esa es la moraleja. Lo sabe “el pequeño Marco”, la expresión cariñosa y burlona a la vez con la que se refería a Marco Rubio cuando años atrás fue su oponente electoral. El Secretario de Estado quiere sucederlo en la Casa Blanca y piensa que la mejor forma de mantener su opción hasta el final -hasta el partido definitivo- es hacerse el “musiu”. El plan va bien, o iba bien. Hay que ver las dificultades como una oportunidad: la reconstrucción moverá ingentes recursos. Habrá para todos los “panas”. Sin distinguir colores.

El dueño del mundial es el dueño de nuestro destino. Tiene en el campo, aunque rodeada de escombros, a su jugadora favorita y ha prolongado la inhabilitación de la que queremos ver todos los fans venezolanos. Que se imponga el juego limpio.

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