EN: Recibido por email. También EN: https://www.lapatilla.com/2018/09/20/enrique-viloria-vera-cordero-turco-y-gusanos-bolivarianos/
El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía,
porque
ignora su principio elemental: ¡El arte sublime de masticar!
Honoré de Balzac
De regreso de China, donde
fueron a pedir más dinero prestado y lo que recibieron fue consejos
capitalistas para un buen gobierno, al Robusto Guasón y a la catira Primaria
Combatienta les dio hambrecita, instruyeron al capitán de la aeronave
presidencial que cambiará el rumbo y aterrizará en Estambul, donde irían a
comer en un lujoso restorán turco recomendado por sus amigotes argentinos.
Dicho y hecho.
Hambrienta la pareja
llegó al sitio de marras y fue atendida por su adulante dueño, quien con gestos
cantinfleros sirvió la abundante comida, en la que destacaban unas jugosas,
tiernas y rosadas chuletas de cordero, así como otros platillos de la mejor carne
de vacuno turca; los comensales manducaron con voracidad la copiosa ración,
finalmente, fumando un puro cubano, el Robusto Guasón pidió la abultada cuenta
que debió cancelar en verdes dólares americanos y no en Petros que no le
aceptaron. La catira consorte exigió los huesos y las sobras para al regreso al
hogar presidencial cocinar unas caraotas rojas – rojitas con tropezones de la
mejor carne turca.
Cuentan los allegados
a la pareja, que ambos quedaron como boas constrictoras, y durante tres días y
tres noches estuvieron haciendo la digestión de la cara y costosa pitanza.
En otro sitio de la
derruida capital bolivariana, en la otrora impoluta y muy profesional
Maternidad Concepción Palacios, nominada así en homenaje a la madre del único
libertador de Venezuela, en la que vinieron al mundo insignes venezolanos, la
realidad era otra no muy distinta a lo que penosamente ocurre en otros
hospitales públicos destruidos en socialismo.
De acuerdo con la
evidencia recogida por médicos de la maternidad, como consecuencia de la falta
de productos de limpieza: lejía, cloro y otros detergentes Industriales, la
sala de emergencia del sanatorio ha sido literalmente invadida por repugnantes
gusanos que se pasean a sus anchas por el piso, pos las deterioradas camillas y
los vencidos colchones. Anidan en los frascos donde se guardan los pocos
instrumentos quirúrgicos que van quedando y amenazan con extenderse por todo el
ámbito del hospital.
Los galenos
denunciantes ocultan su identidad, a fin de no ser acusados de golpistas y
desestabilizadores: no quieren disfrutar de las comodidades de las ergástulas
del Helicoide o de Ramo Verde.
Esta dramática
realidad evidencia que los venezolanos nacen, viven y mueren …sin la necesaria dignidad
de seres humanos.
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