Luego de rendir homenaje al asesino de masas Mao Zedong y antes de aterrizar en Estambul, Turquía, para protagonizar el pantagruélico almuerzo que ha causado un escándalo en el planeta entero, Maduro ha conseguido que China le otorgue un crédito por 5.000 millones de dólares. Ese monto viene a sumarse a los varios financiamientos que China le ha otorgado al régimen de Chávez y Maduro (no a Venezuela), y que sumarían una cifra próxima a los 70.000 millones de dólares.
Todas, sin excepción, han sido operaciones opacas. Ni siquiera los más importantes expertos del planeta han logrado conocer con precisión el contenido de los contratos: cómo ha sido el flujo de esos dineros; por qué vías han llegado a las manos corruptas del gobierno; cuáles son las contraprestaciones y garantías que han comprometido Chávez y Maduro, a costa de los venezolanos; a qué tasas de interés se han aceptado tales financiamientos; a qué precios reciben los chinos cada barril de petróleo que se les envía para amortizar la deuda; en qué consisten, de forma concreta, los más de 780 proyectos que, de acuerdo con los anuncios del poder, forman parte de los convenios que han firmado. En resumen, los venezolanos no sabemos cuántos dólares han recibido Chávez y Maduro, qué han hecho con ellos, cuánto se han robado, cuánto han dilapidado, cuánto han pagado y, en consecuencia, qué significa todo esto para los recursos naturales y las materias primas que sí pertenecen a la nación y a los venezolanos, y no a la banda de ladrones que ha recibido esa inmensa cantidad de dólares.
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