Tomar whisky es un deporte extremo. Me explico: quienes sobrios, con audacia y un valor irrefutable, nos enfrentamos a tan arriesgada disciplina deportiva, tenemos conciencia del peligro que acarrea agregar cubos de hielo a un vaso de vidrio con whisky. El hielo cruje, se fractura y se expande, logrando una probable ruptura del vaso que, en caso de estallar, podría inutilizar nuestra mano, desfigurarnos el rostro e incluso cercenarnos la yugular....
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