Sunday, October 7, 2018

Karl Krispin: Zweig, el estelar

Petrópolis pasa por ser una villa veraniega donde la temperatura ajusta una media anual de 19 grados centígrados a una altitud de 838 metros sobre el nivel del mar. En 1955 los termómetros marcaron siete grados bajo cero y en 1996 los exageraron hasta los 36 celsius. Pero es sitio donde en algún pasado se iba a veranear, y lo hacían los aristocráticos braganzas y su corte portuguesa instalada y permanecida en Brasil gracias al capricho de Bonaparte. Hay palacios y castillos y cierta condición bucólica que la hace atractiva a ese visitante de hoy que uniformamos como turista.  A esa ciudad llegó en los cuarenta un viajero errante y tropezado. Venía con los pasaportes deshechos y una idea bastante dudosa del sitio al que pertenecía. Tuvo tiempo para escribir sobre el país, teclear la maravilla misma que fue su vida y también para quitársela. En la apacible y bragantina Petrópolis ocurrió su despedida voluntaria, en la que también vivía la maestra Gabriela Mistral, con quien tuvo tratos antes de su último abordaje camino a la eternidad. Stefan Zweig nació como súbdito del imperio austríaco y murió con un documento que lo hacía nacional británico. Si la lengua constituye la patria de un escritor, a Zweig nunca lo abandonó la lengua alemana, a la que honró y enriqueció como pocos escritores lo han hecho....

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