Petrópolis pasa por ser una villa veraniega donde la temperatura ajusta
una media anual de 19 grados centígrados a una altitud de 838 metros
sobre el nivel del mar. En 1955 los termómetros marcaron siete grados
bajo cero y en 1996 los exageraron hasta los 36 celsius. Pero es sitio
donde en algún pasado se iba a veranear, y lo hacían los aristocráticos
braganzas y su corte portuguesa instalada y permanecida en Brasil
gracias al capricho de Bonaparte. Hay palacios y
castillos y cierta condición bucólica que la hace atractiva a ese
visitante de hoy que uniformamos como turista. A esa ciudad llegó en
los cuarenta un viajero errante y tropezado. Venía con los pasaportes
deshechos y una idea bastante dudosa del sitio al que pertenecía. Tuvo
tiempo para escribir sobre el país, teclear la maravilla misma que fue
su vida y también para quitársela. En la apacible y bragantina
Petrópolis ocurrió su despedida voluntaria, en la que también vivía la
maestra Gabriela Mistral, con quien tuvo tratos antes de su último
abordaje camino a la eternidad. Stefan Zweig nació como
súbdito del imperio austríaco y murió con un documento que lo hacía
nacional británico. Si la lengua constituye la patria de un escritor, a
Zweig nunca lo abandonó la lengua alemana, a la que honró y enriqueció
como pocos escritores lo han hecho....
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