Por más impacientes que estemos, tenemos que entender que el cese de la usurpación que dará paso a un gobierno de transición es un proceso largo y complejo.
Los que permanecemos en Venezuela sentimos que vivimos los capítulos finales de una pesadilla con más de 20 años. Capítulos que se prolongan y agobian. Aunque sea un lugar común, hay que repetirlo: nadie dijo que iba a ser fácil. Estamos lidiando con una dictadura que se sostiene en el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo. Por eso el ciudadano común, ahogado por problemas básicos e irresolutos a los que cualquier ser humano tiene derecho –alimentación, servicios básicos como el agua, la luz, la salud y la seguridad– está clamando por una ayuda militar extranjera, que no es viable si la Asamblea Nacional no le pone la estocada final a la agonía y aprueba el 187.11 constitucional.
La gente ha demostrado que no se deja paralizar por el miedo, lo constatamos el sábado pasado en Caracas cuando el pueblo se volcó a la calle aclamando a Juan Guaidó, apoyando su cruzada por la libertad.
EN: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/fase-terminal_278475
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