Un régimen como el que demuele a Venezuela no admite líneas rojas, es decir, no acepta límites sino de manera parcial y temporal, y solo en tanto su objetivo de control político no esté en peligro extremo. Hasta hace poco pareció que la supervivencia de Juan Guaidó era una línea roja impuesta al régimen por las circunstancias, en especial la presión internacional. No obstante, los ataques violentos de los llamados colectivos a las marchas opositoras, y de modo particular la escena de un pistolero apuntando con su arma al presidente encargado, indican que individuos y sectores clave dentro del régimen han perdido el sentido de los límites.
De allí que las advertencias que se siguen haciendo, en el sentido de enfrentar a los dirigentes chavistas con el escenario probable de un final de su poder en Venezuela, así como de las consecuencias que ello podría acarrear para ellos y sus familias, tienen hasta ahora un efecto periférico. No se trata de que los cabecillas del régimen, sus principales allegados y cómplices no entiendan lo que pasa y podría ocurrir. No se trata de que desconozcan la historia, la nuestra y la de otros países, que muestra que todo tiene un término y que casi siempre el de los regímenes tiránicos es sangriento y caótico. Lo que les mantiene sobre su ruta de creciente represión no es la ignorancia sino una trampa, una trampa labrada a lo largo del tiempo y de la cual ya se hace imposible escapar.....
EN: https://www.elnacional.com/opinion/el-regimen-no-puede-ni-quiere-cambiar/
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