«Si tomamos un buen diccionario etimológico; y buscamos una palabra, estoy seguro de que en algún sitio encontraremos una metáfora escondida». Jorge Luis Borges
Las etimologías son siempre elocuentes, vienen a ser como una radiografía de las palabras que nos permite ver lo que hay detrás de ellas, o -como diría Borges- encontrar «una metáfora escondida». Médico viene del latín «medicus». En latín, la palabra deriva de «medor» que es «cuidar». De esta misma raíz viene «meditar», que tiene el prefijo «med» de origen indoeuropeo, presente también en «medir».
Curioso que meditar sea, en cierta, forma medir, buscar mesura (moderación comedimiento) mediante la introspección. «Nada en demasía» y «conócete a tí mismo», eran las dos inscripciones que el visitante de la antigua Grecia podía leer al entrar al concurrido Oráculo de Delfos. Quien conoce los propios límites es capaz de evitar los extremos.
Pero volviendo a los médicos, si meditar es volcarse sobre uno mismo, medicar es volcarse sobre los otros para cuidarles. Noble labor en un mundo en el que de muchas maneras los humanos hemos optado por exterminarnos.
Hoy, pues, en medio de esta crisis inédita que vive el planeta, menester es reconocer a los médicos y con ellos a enfermeras, enfermeros y todos aquellos profesionales que están comprometidos con la salud.
EN: https://www.lapatilla.com/2020/03/20/laureano-marquez-medico/
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