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Edición elaborada por el Consejo Editorial de Laceiba.
Dulce de lechosa
Aún en momentos difíciles, hay que celebrar cuando nos viene un fresquito.
Que a Maduro no lo hayan incluido ni siquiera en la “lista previa” de aspirantes oficiales a formar parte en un futuro del grupo Brics, ha debido ser un momento muy humillante para el sobrecargado ego del dictador, poco acostumbrado al desprecio y la distancia.
¿Qué se creerán estos? Ha debido preguntar, en voz alta, al leer en la prensa que su reunión fue “en los márgenes” de la cumbre. Tarde debió percatarse de que la viveza no iba a funcionar y de que, en consecuencia, no entraría en la foto oficial de la reunión, aunque viajó muchísimas horas para estar presente y contaba con el apoyo de Putin.
Como no hay peor cuña que la del mismo palo, el responsable de tal escarmiento público no fue la “ultraderecha”, sino un camarada de pura cepa como Lula da Silva, a quien la pandilla madurista dejó esperando tras el 28-J, cuando le prometió al brasileño que en 48 horas le sería entregada la data que sustentaba el anuncio del CNE.
Maduro también afeó a Lula, cuando evadió, en varias ocasiones, una reunión virtual, junto a Gustavo Petro, para conversar sobre las presidenciales. Y no hablemos del desliz de Saab, que acusó a Lula de ser un agente de la CIA, guinda de una torta confeccionada con esmero y tesón.
Ojo. Hay razones económicas que podrían explicar lo ocurrido. Sin embargo, y por lo pronto, queda decir que más de uno comió dulce de lechosa.
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