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Saludos,
En las últimas semanas han proliferado análisis sobre las capacidades militares venezolanas. El mínimo común denominador de esos análisis es que esas capacidades están hoy muy mermadas: cazas que no vuelan, submarinos que no navegan, misiles antiaéreos pobremente integrados a sistemas de radar y un largo etcétera.
Miles de millones de dólares tirados a la basura. Otro capítulo más de renta petrolera que terminó en los bolsillos de algunos pocos. No hablaremos hoy de esto, pero sin duda será uno de los elementos para la reflexión que tarde o temprano habrá que dar sobre el rol de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, cuyos generales son tan prestos en criticar a los políticos y a la sociedad civil pero grotescamente incapaces de hacer un examen mínimamente honesto sobre su contribución activa al desastre nacional.
De lo que más bien queremos hablar hoy es de la idea de que el régimen de Maduro estaría en capacidad de embarcarse y sostener una guerra popular prolongada, que es, por cierto, el coco con el que nos están amenazando no solo el régimen sino varios académicos, intelectuales y lobbystas estadounidenses.
Lo primero que habría que decir es que no existe guerra popular prolongada sin pueblo. Sin una base social amplia, activa y dispuesta a morir en defensa de una causa que percibe como suya, eso no será ni guerra, ni popular, ni mucho menos prolongada.
El chavismo ya no es popular. No lo es electoralmente, no lo es socialmente y no lo es moralmente. Carece del apoyo orgánico, voluntario y movilizado que sí tuvo hace unos años. Devenido en dictadura abierta, hoy se impone mediante el miedo y la represión. Pensar que un régimen en esas condiciones pudiera sostener una guerra popular es casi una aberración lógica.
Eso no significa, sin embargo, que el régimen sea débil o esté acorralado. Simplemente significa que su fortaleza no está donde algunos creen. El madurismo, como fase superior del chavismo, no se sostiene como un movimiento popular, sino como una estructura criminal que se apropió del Estado.
Por eso el tanto énfasis en las capacidades militares convencionales resulta engañoso. El régimen no necesita ganar una guerra clásica pero tampoco sostener una insurgencia popular en el tiempo. Le basta con proyectar la idea de los altísimos costos que tendría cualquier intento de desalojo, amenazar con la inestabilidad que generarán y por supuesto reprimir sabiendo que no hay mañana. Ese es hoy su modelo de supervivencia.
El chavismo de hoy no tiene las bases sociales para una guerra popular prolongada. Carece del pueblo que ese concepto exige. Si usted quiere arrellenarse en esa trampa analítica y creer que Maduro es Ho Chi Min, bueno, está en su libertad hacerlo. Pero aquí desde esta tribuna sostenemos que no puede dirigir una guerra popular prolongada el dictador más impopular que ha tenido Venezuela ni la claque opresora que le acompaña, groseramente aburguesada, adicta al aire acondicionado y a los reales mal habidos.
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