EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/05/la-inflacion-crece-menos-pero-crece/
En los primeros cuatro meses del año es de 89,9% según las cifras oficiales que ahora sí nos ofrece el Banco Central de Venezuela. La interanual es de 611%. Una barbaridad que solo Venezuela resiste a costos y esfuerzos y privaciones incalculables.
Los que mandan celebran el logro de que la inflación de abril (10,6%) sea 2,5% menor que la de marzo (13,1%). Ese 2,5% de menor crecimiento sería un despropósito como tasa inflacionaria en muchas naciones en un año. La de Suiza es de 0.3%, por ejemplo, pero ya nos advirtió hace más de 40 años Manuelito Peñalver, quien fue dirigente sindical adeco y secretario general del partido blanco, que “no somos suizos”. Ni siquiera panameños que la tienen domada en menos de 1% anual.
El presidente del BCV, Luis Pérez, entrevistado en Venezolana de Televisión, el canal de propiedad pública por el que habla solo el régimen, es optimista. Venezuela es un paraíso para los inversionistas extranjeros que en dos o cuatro años pueden tener un crecimiento exponencial. Es el pensamiento después del 3 de enero. Con la entrada de los helicópteros desde el Caribe -una operación de 48 minutos, según Mister Trump- se extrajo al dictador y se borró de un plumazo las gastadas consignas revolucionarias. Ahora, sin gritar, se puede decir en voz baja y en confianza que “con tutelaje se vive mejor”.
Pérez promete que lo que se está cosechando se sentirá a fin de año. Las hortalizas y granos, rubros a los que les importa un rábano los pronósticos, están disparados según el índice de precios del boletín oficial: 18% más caros en abril. También los huevos, la leche, las frutas y los pescados, estos quizás como efecto de que los mares siguen revueltos.
A la gente no le preocupa tanto llegar a fin de año. Vive de semana en semana. Porque cuando van al mercado los precios están más altos que la compra anterior. Y lo que entra en casa es precario, insuficiente. Los emprendimientos son obligados ante la carencia de empleo formal, pero muchos fracasan. El empleo, eso del quince y último, desapareció con el auspicio del Estado, por desgracia de sus políticas intervencionistas y las abusivas expropiaciones.
Los que siguen al mando se acomodan ahora a un lenguaje y a unas políticas en las que es dudoso que crean. No les quedó más remedio. Sus fantasiosos motores económicos lo único que hacían era toser sin producir riqueza alguna, y el maná petrolero se dilapidó en un caso único en la historia universal. Ser optimista es un lujo que los venezolanos no se pueden dar. Está bien para Luis Pérez. Los de abajo le quieren ver el queso a la tostada. Y el queso estuvo en abril 13% más caro.
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