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Saludos,
Una de las principales amenazas para la transición venezolana es cierta aproximación efectista a las ideas de estabilización y recuperación.
En un escenario en el que Washington cree que obtiene fácilmente lo que necesita, Venezuela pudiera quedar atrapada en una apertura que no es más que un cambio gatopardiano.
Los intereses estratégicos de Estados Unidos en Venezuela son legítimos y conocidos: acceso al petróleo y minerales raros, reducción del flujo migratorio, exclusión de China y Rusia de su zona de influencia. El problema es creer que esos objetivos no requieren democracia e instituciones para ser viables en el tiempo.
Un régimen otrora antiimperialista que ahora coopera en materia energética y de seguridad, que libera algunos presos políticos y que permite cierta actividad de la sociedad civil, pudiera satisfacer la agenda americana sin ceder el control político en las primeras de cambio, pero ya sabemos que la cabra siempre tira pal monte.
No hay mala fe en querer reivindicar victorias de corto plazo pero quizás sí miopía. Una estabilidad no democrática es un espejismo y cada vez más sectores empresariales estadounidenses van tomando nota de esto.
El régimen quiere perpetuarse: por eso Dr. Jekyll esconde a Mr. Hyde esperando que pase el chaparrón. Pero para el campo democrático venezolano una apertura chucuta representa una amenaza: el riesgo de parecer intransigente, demasiado exigente o enemigo del pragmatismo necesario.
Por ello es muy importante ir acordando cada vez con más precisión una hoja de ruta, para poder distinguir, con evidencia y con una sola voz, entre lo que es un avance real y lo que es una táctica de supervivencia del régimen disfrazada de apertura. Sin esa hoja de ruta nos podemos perder muy fácilmente.
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