La última reforma legal aprobada por el Parlamento amplía de 20 a 32 el número de miembros del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Sin embargo, hasta hace poco el máximo juzgado tenía en las sombras a una magistrada 21, reconocen ahora en tono autocrítico los sobrevivientes de la Sala Plena.
Como en tantos ámbitos del Estado chavista, comenzando por la Presidencia encargada, ahora los togados están viendo con absoluta claridad el desastre que hasta el 2 de enero en la noche aplaudían y alcahueteaban.
Nepotismo
La razia en la cúpula del Poder Judicial dejó en evidencia una práctica habitual en el PSUV: el nepotismo. “El despacho de un magistrado cuenta con entre 25 y 30 trabajadores. Resulta que algunos de los ‘renunciados’ tenían hasta diez familiares metidos en su oficina”, revela una fuente que no sale de su sorpresa al escuchar a los jueces quejarse cual vestal ofendida.
Entre los que enchufaron a medio árbol genealógico en el TSJ destacan dos militares: Henry José Timaure Tapia y Juan Carlos Hidalgo Pandares.
Antiguo presidente de la Corte Marcial, Timaure Tapia asumió la jefatura de la Sala Civil, designando a su esposa como su mano derecha. “La señora de Timaure Tapia era conocida como la magistrada 21, tenía mucho poder”, acota un conocedor de la materia.
Sus antiguos colegas destacan la presión que Timaure Tapia ejercía sobre la jurisdicción civil. Tanta que metió su mano en un fallo que favoreció a la aerolínea Rutaca, donde trabajaba su hijo, según un reportaje publicado por ArmandoInfo en 2023. Hombre de hogar.
Entre los civiles removidos, uno que instaló a la familia en Dos Pilitas fue Edgar Gavidia, antiguo cuñado de Cilia Flores. Gavidia presidía la Sala Social y ocupaba la primera vicepresidencia del TSJ.
Así como Donald Trump se llevó a Flores, Delcy Rodríguez extrajo a Gavidia, quien se tuvo que marchar con sus parientes. Por cierto, Delcy también echó al exesposo de la primera combatiente, Walter Gavidia, del plan Juntos Todo es Posible. Dejó a esa pobre familia en la calle.
Barajar despacio
El TSJ está semiparalizado, a la espera de la renovación que se ejecutará desde la Asamblea Nacional.
La presidenta del Poder Judicial, Caryslia Beatriz Rodríguez, tiene su puesto asegurado al frente de la Sala Electoral. Sin embargo, la jueza independiente espera instrucciones de Miraflores para saber si abandona esa instancia y se muda a la Sala Constitucional.
El sacudón en la Sala Penal es total, con Delcy Rodríguez adelantando una supuesta reforma de la justicia penal, tras experimentar una revelación que le llevó a enterarse de que el sistema está absolutamente corrompido. “En el TSJ todos están felices porque Maikel Moreno le caía mal a todo el mundo”, confían.
Corre una versión según la cual a la oposición le podrían dar entre seis y ocho magistrados, pero eso no se lo creen ni los que difunden el rumor. Primero, porque debe aplicarse un descuento por los tres “no chavistas” que ya están en el organismo. A saber, José Luis Gutiérrez -hermano del alacrán Bernabé-; Inocencio Figueroa -que nació adeco, luego recibió el apoyo de factores de Primero Justicia y hoy está cuadrado con Fuerza Vecinal-; y Elías Bittar -rara avis sin filiación partidista, que contó con el apoyo del Foro Cívico y es amigo personal de Delcy Rodríguez-.
Figueroa, por cierto, también evalúa la opción de cambiarse a la Sala Constitucional. En cualquier caso, en el comité de postulaciones judiciales tiene un voto seguro para lo que salga: el diputado Félix Freites, de Fuerza Vecinal, que fue su asistente en el Poder Judicial.
En un escenario normal, el TSJ sería clave para alcanzar la tan ansiada “estabilización” y “seguridad jurídica” que demanda la “potencia ocupante” -Elías Jaua dixit- y los nuevos socios comerciales de la República Bolivariana. No obstante, aquí nadie se hace muchas ilusiones y la atención se centra en la repartición que hará el oficialismo entre sus propias corrientes, y los restos que le dejará a la “disidencia”.
Entretanto, en la Universidad Católica Santa Rosa siguen graduando doctores con toga roja para cubrir vacantes. ¿El más reciente? El diputado y coplero de oro, Cristóbal Jiménez, quien no dicta sentencias. Las canta.
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