EN: https://www.elnacional.com/editoriales/2026/10/en-manos-de-dios/
Después de un año de su detención, Damián Rojas, militar retirado, pudo ver a su padre. “Al fin te encontré”, escuchó de saludo. Entrevistado por la periodista Maryorin Méndez en Barquisimeto, el expreso político, aún bajo medidas cautelares tras su reciente excarcelación, contó su historia de desaparición forzosa, de maltratos y torturas -pasó cuatro días colgado de una baranda con los pies sobre un caucho desinflado en la celda “de los sueños”-. También de una hospitalización hirviendo en fiebre cubierto por una sábana y soportando el aire acondicionado, de las cartas que esperaba con desesperación de su familia después que dieron con su paradero. Y no olvida la solidaridad que recibió de otros tantos como él en prisión. No hay rencor en su relato y sí la disposición a perdonar a quienes tanto daño causaron.
La familia de Rojas, que no supo nada de él entre enero de 2025 y enero de 2026, creía que estaba muerto, aunque nunca dejaron de buscarlo. “Estoy en manos de Dios”, les dijo cuando, al fin, pudieron hablar, con un vidrio de por medio en el Rodeo I. Rojas fue quizás la última persona que habló con Victor Hugo Quero Navas. Ambos se conocieron en la enfermería del penal, a mediados del año 2025, poco antes de que Quero Navas falleciera bajo custodia del Estado. “No podía controlar los esfínteres, defecaba sobre sí mismo y con sangre. También las encías le sangraban”, relató Rojas.
¿Cuántas historias como estas hay en Venezuela? ¿Cuántos se atreven a contarlas y cuántos callan, aún temerosos de lo que pueda ocurrir con su precaria libertad? Rojas, que es un hombre entregado a Dios, confiesa que aún no puede dormir, que cualquier ruido lo altera, que una parte de él se quedó entre las rejas del Rodeo I, o en los 15 o 20 días que pasó en los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el órgano que ha tenido un papel tristemente relevante en la represión contra los venezolanos.
Avanzamos, o creemos avanzar, hacia una transición política sin que se establezcan responsabilidades sobre lo ocurrido en las prisiones y también en los hogares de miles y miles de detenidos. El asunto se intenta resolver con las excarcelaciones, aún incompletas, y sin que el Estado examine su conducta, la forma en que procedió contra venezolanos a los que debió proteger en su vida y en sus derechos con el apego estricto a las leyes. ¿Se tratará de pasar la página y mirar solo hacia delante en nombre de una democracia que no termina de perfilarse con nitidez?
En las manos de la presidenta de la Asamblea 2015, Dinorah Figuera, cabeza del equipo opositor en el diálogo político con el régimen, está un anteproyecto de ley reparación de daños a los presos políticos, que plantea la creación “de una mesa técnica encargada de revisar los casos, determinar las afectaciones y definir mecanismos de reparación”. ¿Será posible? ¿Habrá ánimo y disposición entre las partes para abordar un tema tan doloroso? ¿Se puede correr la arruga y engavetar lo que ocurrió?
Los países que pasaron por situaciones similares, de desapariciones, torturas, muertes, exilios, hay numerosos ejemplos en la región, tuvieron que afrontarlo para intentar sanar sus sociedades y enrumbar los procesos de reconstrucción democrática.
No comments:
Post a Comment