Claudio Nazoa: El Chiringuito de Amílcar Rivero
En esta desgracia mundial en la que vivimos los venezolanos, he notado algo: casi todos los días debo despedir a familiares y amigos quienes, sin querer marcharse, se van. Se despiden quedándose. El cuerpo se va y el alma queda flotando, revoloteando a nuestro lado.
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