Thursday, March 8, 2018

Editorial El Nacional: Una masacre y la historia

El cadáver de Oscar Pérez, contra la voluntad del oficialismo y su máxima expresión Nicolás, sigue resucitando como los fantasmas en los castillos abandonados. Ludovico, por ejemplo, era un fantasma inventado por Miguel Otero Silva que habitaba en una villa de Arezzo (hermosísima ciudad italiana) y que, para terror y risas de los invitados, aparecía a altas horas de la noche, anunciando su llegada con un escalofriante arrastrar de cadenas. Hasta Gabriel García Márquez, el Gabo, supo de esos terrores y dejó para la memoria colectiva una nota precisa sobre las actuaciones nocturnas de Ludovico.
Lo cierto es que los fantasmas cruzan la literatura y las artes en general con un especial impacto en la cultura de los pueblos. Basta recordar Hamlet para entender cómo la presencia de los fantasmas termina atormentando no solo a los malvados vivos, sino también a la historia que ellos pretendían crear para enmascarar sus bribonerías, sus  ambiciones y sus asesinatos.
Salvando las distancias, que son muchas en todos los sentidos, el gobierno de Maduro pretendió lo imposible, valga decir, ocultar una masacre que estaba ocurriendo ante las cámaras de la televisión y de los vecinos de la zona de El Junquito donde, por desgracia, estaba ocurriendo una cita con la muerte, una cita definitiva porque la decisión de los altos mandos era ejecutar el último capítulo de un reto que los había dejado en ridículo frente el país y, especialmente, ante su propia gente.

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