Al contrario de lo que ocurrió en Argentina, en el caso venezolano no ha sido necesario ningún decreto prohibiéndonos disponer de nuestros depósitos bancarios; aquí, todo se ha hecho manu militari. Independientemente del monto que tengamos depositado en el banco, no tenemos libertad para disponer de esos fondos mediante una transferencia bancaria, no podemos usar nuestras tarjetas de débito más allá de un monto máximo permitido por día, semana o mes, y ni siquiera podemos cobrar un cheque equivalente a menos de veinte centavos de un dólar de Estados Unidos. No hay dinero en efectivo, y los bancos tampoco disponen de chequeras. La opción es el trueque, preconizado por el comandante eterno, o el petro, esa criptomoneda inventada por el chavismo, que tiene su respaldo en el oro, el coltán y los diamantes que aún se encuentran bajo tierra, ocultos a la voracidad de los corruptos.
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