"Podemos vivir sin los dos ojos de la cara, ¿pero podríamos vivir sin el ojo del culo?". La pregunta la formuló Francisco de Quevedo y Lucientes, a quien Luis de Góngora llamó Francisco de Quebebo y por ello devino en destinatario de mordaces puyas a su nariz ―Érase un hombre a una nariz pegado/era una nariz superlativa―. Quevedo escribió centenares de poemas de altísimo vuelo lírico, entre ellos el hermoso soneto Amor constante más allá de la muerte, mas también hizo gala de ingenio y agudezas en Gracias y desgracias del ojo del culo, aproximación escatológica al universo de la risa, a través de ese tercer ojo siempre oculto, a cuyo texto pertenece la interrogante inicial; una apertura dirigida a dejar claro mi deseo de no alborotar avisperos con lo expuesto a continuación.....
EN: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/nalgadas-huelgas_281345
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