La satrapía gobernante se empecina en cerrar caminos para ejercer la oposición de manera civilizada y pacífica. Cualquier protesta por la reivindicación de alguna necesidad ciudadana es considerada como un crimen político. La crítica y el derecho a disentir se conculcan de forma sistemática. Quienes disentimos somos considerados por el régimen como elementos antisociales que deben ser suprimidos para facilitar la definitiva entronización de un orden mesiánico. De esta manera estamos llegando a la completa destrucción de la sociedad venezolana en los momentos en que es necesario proclamar con mayor fuerza el sentido de identidad nacional frente a las exigencias de un mundo moderno globalizado y la irrenunciable responsabilidad de superar los problemas de un país inmerso en un caos institucional, en una crisis económico-social y sometido a una pandemia cuya duración y profundidad son impredecibles y que peligrosamente comprometen el presente y las posibilidades de crecimiento hacia el futuro.....
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