El drama terminal que padece Venezuela –no es un accidente, es la consecuencia de un proyecto global del marxismo “progresista”– va más allá de la destrucción de sus lazos como nación y de sus cimientos como república. Los venezolanos nos encontramos ante un sólido muro que no es de realismo mágico, ni es liquidez moderna. Nos muestra cómo un pueblo hambriento y desesperado, en diáspora hacia afuera y hacia adentro, presa para colmo de una pandemia mortal en avance al que se lo tragan la cultura de la muerte y la desconfianza, sobre un territorio vuelto rompecabezas, repartido entre el pranato oficial y su clientela y los cárteles del oro y el narcotráfico.....
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