Cuando apenas se iniciaba esta pandemia, comencé a hacer videos con la euforia de una etapa de mi vida que suponía irrecuperable. Me refiero a ese momento en que el niño se asoma por vez primera a las herramientas de un hombre para hacer realidad sus sueños y, como nada lo fatiga ni lo aparta de su obsesión, se zambulle en fantasías que parecen ser reales, asomándose a lo que significa ser un artista o un constructor o un líder político que gana adeptos en los recreos del colegio. No importa si luego los resultados no se sostienen o se desvanecen; lo cierto, lo importante, es que ha sentido el sabor del asombro, el resplandor de la creatividad, el placer de ser sorprendido por su propio potencial.....
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